La huelga estudiantil en la Universidad de Nueva York (NYU) este 7 de octubre de 2026 no es un hecho aislado, se enmarca en una jornada de acciones coordinadas en varios campus neoyorquinos: Columbia, CUNY, NYU, que confluyeron por la tarde frente al Ayuntamiento en una protesta convocada por Pal-Awda.
Los estudiantes de la nyu, junto a organizaciones como Students for Justice in Palestine (SJP), promovieron un walkout (abandono de clases) que se sumó a una huelga de hambre que ya llevaba varios días en el campus del CUNY, en la que los participantes exigían el fin del apoyo institucional a empresas vinculadas con la ocupación israelí.
El eje de la protesta no es simbólico, los estudiantes exigen que la universidad se desprenda de inversiones en compañías que se benefician de la guerra en Gaza. En el caso de la NYU, el gobierno estudiantil se sumó formalmente a la campaña internacional de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel.
No es casual la coincidencia con el tercer aniversario de los ataques del 7 de octubre de 2023, los organizadores han reenmarcado esa fecha no como un día de luto, sino como el inicio de lo que denominan una «intifada estudiantil» y el comienzo de «tres años de genocidio» en Gaza.
Para el movimiento estudiantil propalestino, es el punto de partida de una guerra que ha dejado más de 74 000 muertos en Gaza, según el Ministerio de Salud de ese territorio.
Lo que resulta más revelador no es la protesta en sí, sino lo que dice sobre el estado de la libertad de expresión en las universidades estadounidenses. La NYU ha adoptado la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA, por su sigla en inglés), que confunde la oposición política al sionismo con el odio antijudío, y la ha utilizado para justificar sanciones contra estudiantes.
Por otro lado, la huelga de la NYU también expone una contradicción profunda: la universidad se presenta como un espacio de pensamiento crítico, pero reacciona con fuerza policial y sanciones administrativas cuando ese pensamiento crítico se dirige hacia una causa incómoda para el poder.
En última instancia, el 7 de octubre de 2026 en la NYU no es solo una protesta, es también un termómetro de la polarización estadounidense, en la que el conflicto en Gaza se ha convertido en un prisma a través del cual se refractan debates más amplios sobre raza, colonialismo, libertad académica y el papel de las instituciones en la vida pública.
Los estudiantes que hoy abandonan las aulas no están simplemente protestando por una guerra lejana; están exigiendo que su universidad tome partido, y esa exigencia, inevitablemente, también los posiciona a ellos.

La lista de los países donde se prevé mayores movilizaciones a favor de Palestina está encabezada por Estados Unidos, luego España, Australia, Reino Unido e Italia. Foto: Europa Press



