La Explosión del vapor La Coubre un hecho imposible de olvidar

Después del triunfo de la Revolución Cubana el 1ro de Enero de 1959, el Gobierno de Estados Unidos obstaculizó todas las gestiones del Gobierno Revolucionario cubano, para que no pudiera adquirir ningún tipo de equipamiento militar incluyendo armas y municiones.

Inglaterra dejó de vender los aviones de combate Sea Fury y las autoridades italianas también cedieron a las presiones del Gobierno norteamericano. Bélgica fue el único país de Europa Occidental que mantuvo los acuerdos adoptados desde antes de la Revolución, porque oportunamente una comisión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias los había revalidado.

Como resultado de esos acuerdos con las autoridades belgas, en octubre de 1959 el vapor La Coubre arribó a La Habana con un cargamento de fusiles FAL dirigidos a la jefatura de las Fuerzas Armadas Revolucionarias para fortalecer la defensa de la Revolución.

Coincidiendo con la estancia de La Coubre en el Pan American Docks, se encontraban de visita en la capital cubana Melvin Beck un profesional del espionaje yanqui, jefe del Grupo de Trabajo de América Latina en la “División URSS” del Directorio de Planes de la CIA, con la misión de verificar el arribo de un buque de carga soviético al puerto de Matanzas, y buscar información de inteligencia en relación con la presencia de otros buques en puertos cubanos.

Al mismo tiempo otro oficial CIA llamado Rudolph Gómez, segundo jefe de la División del Hemisferio Occidental en el Directorio de Planes de la CIA, visitaba La Habana durante tres días para supervisar la labor de la Estación local y sus esfuerzos por incrementar la actividad de espionaje.

El 16 de enero de 1960 durante su viaje 53 el vapor La Coubre fue a reparar el sistema de refrigeración de la Bodega VI, al puerto de Norfolk, en Virginia, donde coincidentemente radicaba el Cuartel General la Agencia Central de Inteligencia. Casualmente esta bodega sería donde se produciría la mortífera explosión que tendría lugar en el puerto de La Habana dos meses después.

El 9 de febrero La Coubre inició su viaje 54 con una nueva tripulación bajo el mando del Capitán George Dalmas y 38 marineros. Al día siguiente, en Hamburgo, Alemania, fueron estibadas 441 toneladas de mercancía general. Más tarde el buque partió hacia Bélgica con destino al puerto de Amberes, adonde arribó el día 13 para recoger 783 toneladas de diferentes productos y mercancías para varios países. En esta ocasión incluía 1,492 cajas de cargamento militar procedente de la Fábrica Nacional de Armas de Guerra de la ciudad de Herstal, en Lieja, Bélgica.

Esta industria militar como signataria de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), estaba obligada a cumplir estrictamente una serie de medidas de protección y seguridad con las armas que producían, las que antes de ser remitidas a sus clientes eran examinadas, comprobadas y verificadas rigurosamente en sus cajas para evitar cualquier tipo de accidente.

El cargamento militar procedente de la fábrica de armamentos se dividió en dos estibas cumpliendo las estrictas medidas de seguridad establecidas para su correspondiente traslado y adecuado embarque. Una parte del cargamento estaba compuesta por 967 cajas de municiones calibre 7,62 milímetros con un peso aproximado de 43 toneladas, que fue trasladado por vía férrea desde la fábrica hasta el muelle del río Escalda, en Amberes, donde La Coubre estuvo fondeada entre los días 13 y 14 de febrero.

Un segundo cargamento compuesto por 525 cajas de granadas antitanques y antipersonales para fusiles FAL (25 mil granadas),  con un peso aproximado de 32 toneladas, fueron embarcados en un tren desde la fábrica hasta la localidad de Kapellen donde fue trasbordada a dos camiones que se dirigieron al embarcadero de la localidad de Lillo. Más tarde, desde allí se trasladaron hacia una barcaza que las llevó al fondeadero de Liefkenshoek, donde estuvo anclada bajo la custodia de la empresa Figille, esperando el arribo del buque.

Durante este periodo de tiempo ocurrieron algunas irregularidades. El 15 de febrero, por la madrugada, a causa de un supuesto “ataque de gripe” los dos custodios de la barcaza fueron reemplazados por “personal no autorizado”. Resulta evidente que en ese momento el sistema de protección de la mencionada empresa de seguridad había sido violentado.

La explosión, ocurrida el 4 de marzo de 1960, no puede ser olvidada ni siquiera por quienes sólo la conocieron a través de la historia. Foto: Archivo

Al otro día, cuando estaban estibando el cargamento de granadas hacia el primer compartimento de la Bodega VI, los estibadores se percataron de que allí no cabían 50 cajas de granadas y las trasladaron al compartimento contiguo dentro de la misma bodega, donde se encontraban 2,4 toneladas de queso que habían sido embarcadas en Hamburgo con destino a la ciudad de Miami. Es importante destacar que por su textura y color el queso es muy parecido al explosivo C-4.

Cuando se sellaron las dos cámaras refrigeradas de la Bodega VI, una parte de la tripulación solicitó recibir un pago extra (prima por peligro) aduciendo que la demanda se debía a que los trabajadores habían manipulado explosivos con peligro para sus vidas. La Compañía General Trasatlántica respondió inmediatamente que esa petición no era procedente, por haberse respetado las medidas preventivas de seguridad y protección. Esta solicitud no prosperó porque las autoridades de esa entidad estaban seguras de que nadie estaba corriendo ningún riesgo.

El 17 de febrero La Coubre arribó al puerto de Le Havre, en Francia, donde estibaron otras toneladas de mercancía de carácter general incluyendo otros 200 kilogramos de queso. Aquí se produjo una nueva irregularidad, porque rompieron los sellos de seguridad de la bodega refrigerada. Este queso se almacenó junto a las 50 cajas de granadas y las 2,4 toneladas de queso que ya se encontraban en el buque.

El 18 de febrero, alrededor de las cinco de la tarde, violando las normas de navegación establecidas para un buque de carga, en el puerto de Le Havre subieron a bordo dos singulares pasajeros, el fraile dominico Raoul Desobry y el periodista norteamericano Donald Lee Chapman. El primero viajaba rumbo a México y el segundo iba con destino a la Florida. A cambio de estos dos pasajeros tuvieron que bajarse de La Coubre dos tripulantes franceses.

Llama la atención que Donald Lee Chapman era delgado, de tez trigueña y usaba una tupida barba negra, lo que le permitiría pasar inadvertido como si fuera un cubano más, en una ciudad donde todavía merodeaban los barbudos al estilo de la Sierra Maestra.

El 19 de febrero, de madrugada, La Coubre zarpó rumbo a Cuba con un “Estimado Tiempo de Arribo” (ETA) calculado para el 2 de marzo, pero debido a las adversas condiciones meteorológicas arribaron a su destino el día 4.

Según el itinerario del buque, de La Habana continuaría hacia Port Everglades en la Florida, seguiría a Tampico y Veracruz en México, llegaría a Kingston, en Jamaica, para abastecerse de combustible, y después continuaría hacia Puerto Príncipe en Haití, para regresar a La Habana donde cargaría mercancía y pondría proa rumbo a Europa con un ETA para el 7 de abril.

Este itinerario no se pudo cumplir, porque el 4 de marzo a las 15:10 horas se produjo la primera explosión de La Coubre en el muelle de la Pan American Docks de la capital cubana. Unos treinta minutos después, cuando cientos de trabajadores, marinos, policías, bomberos y combatientes de las FAR socorrían a las víctimas, se produjo una segunda explosión que causó nuevas bajas, pero provocó mayores daños materiales que la anterior. En total se reportaron 101 muertos incluyendo 33 desaparecidos y más de 400 heridos, y daños materiales por valor de 17 millones de pesos.

Inmediatamente una comisión de las FAR encabezada por el entonces capitán José Ramón Fernández Álvarez sometió a prueba la seguridad de una muestra de las granadas de FAL, cuando una aeronave lanzó dos cajas de granadas desde 400 y 600 pies de altura sobre una región despoblada y ninguna hizo explosión. Más aún, dos granadas fueron entregadas a Fidel en sus propias manos cuando pronunciaba su histórico discurso el 5 de marzo durante la despedida de duelo de las víctimas y no sucedió nada. Quedaba demostrado que la posibilidad de un accidente o una incorrecta manipulación no podía ser capaz de provocar una explosión.

Después de estos hechos, Donald Lee Chapman fue detenido por las autoridades cubanas cuando tomaba fotografías en la zona del desastre. No se pudo demostrar su implicación en el acontecimiento ocurrido, por lo que se puso en libertad y abandonó el territorio cubano. Con el transcurso del tiempo se supo que este individuo había sido fotógrafo naval de la Marina de Guerra en Pensacola y reconoció que ese tipo de explosión no podía haber ocurrido a causa de un accidente.

Durante las investigaciones realizadas por las autoridades cubanas también participaron especialistas belgas, franceses y estadounidenses.

El 7 de junio de 1960, en el teatro de la Central de Trabajadores de Cuba, donde tres meses antes habían sido expuestos los restos mortales de los mártires de La Coubre, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresó visiblemente emocionado: “Para cada uno de nosotros, individualmente, la consigna es: ¡Patria o Muerte!, pero para el pueblo, que a la larga saldrá victorioso, la consigna es: ¡Venceremos!

Fidel junto a Osvaldo Dorticós, el Che y otros dirigentes de a Revolución
durante el sepelio de las víctimas de La Coubre

Al cabo de unos cincuenta años, un amigo de Cuba acudió a los archivos de la fundación marítima “Association French Lines” donde se encuentra el expediente completo de la investigación realizada por la Compañía General Trasatlántica, propietaria del vapor La Coubre, para que le permitieran acceder a los documentos relacionados con este hecho, y después de realizar las consultas correspondientes le respondieron que toda la documentación estaba clasificada con prohibición de acceso hasta 150 años, y que uno de sus legajos contenía información prohibida por tiempo ilimitado. Esta es otra evidencia de que algo muy importante se está ocultando a la opinión pública internacional.

Sobre este acontecimiento el Gobierno de Estados Unidos ha mantenido un absoluto silencio, no ha desclasificado documento alguno respecto a las investigaciones realizadas, y ni siquiera ha dado a conocer información alguna sobre este acontecimiento.

En varias ocasiones Fidel exhortó a las autoridades norteamericanas para que desclasificaran la información que poseyeran, pero hasta ahora no se ha recibido ninguna respuesta. El hecho de que uno de los servicios de inteligencia más poderosos del planeta se abstenga de revelar lo que conoce, también constituye una señal a tener en cuenta.

En un momento como el que está viviendo nuestro pueblo actualmente, es válido recordar acontecimientos como el sabotaje al vapor La Coubre, porque demostró una vez más lo que son capaces de hacer nuestros enemigos. También es importante porque a lo largo de la historia ha quedado demostrado, que cada una de las principales agresiones ha contribuido al fortalecimiento de la unidad de todos los revolucionarios cubanos, y más aún, nos ha preparado para seguir defendiendo nuestro proyecto económico, político, social y cultural al precio que sea necesario.

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Cubadebate

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