Para quienes en Cuba han transitado el calvario de padecer el virus del chikungunya, la noticia pudiera asimilarse como la certeza de un alivio. Porque el cuerpo, a veces, guarda memorias que preferiría olvidar. Sobre todo, cuando el recuerdo es una punzada persistente en las articulaciones que amenaza con no tener fin.
Entonces, aparece la ciencia y vuelve a demostrar que la innovación puede ser también un acto de empatía. Lo confirma con Jusvinza, aquel péptido sintético que salvó vidas en las salas de cuidados intensivos durante los días más aciagos de la pandemia de Covid-19.
Sala de terapia intensiva del hospital Agostinho Neto, Guantánamo, en la atención a pacientes graves de COVID-19. Foto: Leonel Escalona Furones/ granma.cu
El medicamento, desarrollado por científicos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), se revalida hoy como una terapia segura y extraordinariamente eficaz para mejorar la calidad de vida de las personas que siguen lidiando con una inflamación que les coarta la salud.
De ello dan fe los resultados más recientes de los ensayos clínicos llevados a cabo en centros hospitalarios de La Habana y Matanzas. En esas instituciones, pacientes convalecientes de chikungunya en etapas posaguda y crónica de la enfermedad “resolvieron la sintomatología dolorosa e inflamatoria de las articulaciones secundarias”.
Pacientes convalecientes del virus participan del ensayo clínico de Jusvinza. Foto: tomada de adelante.cu
Así lo informó el Doctor en Ciencias Julio Baldomero Hernández, director de Investigaciones Clínicas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), en reunión sostenida días atrás con la máxima dirección del país.
Según se detalla en el portal oficial de la Presidencia, la aplicación de Jusvinza permitió devolver a muchos cubanos la posibilidad de retomar sus actividades cotidianas sin el lastre de la rigidez.
Hernández explicó que se demostró, asimismo, que no solo podía ser efectivo en el tratamiento de las manifestaciones clínicas dolorosas e inflamatorias, pues una vez resuelta la sintomatología podía ser también persistente en el tiempo.
Antecedentes de un “salvador”
Este fármaco no es un recién llegado al escenario terapéutico de Cuba. Su camino comenzó con la búsqueda de solucionar padecimientos autoinmunes de alta complejidad.
De hecho, el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED) ya había otorgado un Autorizo de Uso de Emergencia dentro del protocolo de tratamiento del coronavirus al reconocer su capacidad a la hora de frenar la temida «tormenta de citocinas».
Es esa misma habilidad para modular la respuesta inmune, sin apagarla por completo, lo que hace a Jusvinza ideal para tratar procesos inflamatorios crónicos. La magia de este preparado reside en su origen: es un péptido derivado de una proteína humana (la HSP60), lo cual explica su altísimo perfil de seguridad.
Al actuar como un regulador fino del sistema inmunológico logra que el organismo deje de atacarse a sí mismo. En la Revista Cubana de Reumatología se subraya que su uso induce una mejoría clínica notable al reducir las moléculas proinflamatorias.
Tal virtud ya se ha validado con éxito en pacientes que padecen de Artritis Reumatoide y Espondilitis Anquilosante.
Foto: tomada de ahora.cu
De acuerdo con declaraciones de la Doctora en Ciencias Marta Ayala Ávila, directora general del CIGB al portal oficial de la Presidencia, la nueva planta del CIGB, ubicada en la zona Especial de Desarrollo Mariel, produce en la actualidad ingredientes farmacéuticos activos de este producto.
Solo en el primer trimestre de 2026 ya entregaron unos 21 000 bulbos de Jusvinza al Sistema Nacional de Salud, tres veces más de la cifra distribuida el pasado año.
Además de los datos estadísticos, brilla la capacidad de la biotecnología cubana para adaptarse a nuevos desafíos sanitarios.
Investigadores del CIGB. Foto: Estudios Revolución
Lo corrobora este fármaco. Pues lo que comenzó como una investigación de laboratorio se traduce hoy en un alivio directo para la piel y los huesos de quienes creían que el dolor dejado por el virus del chikungunya quedaría atrapado para siempre en sus cuerpos.
Ciertamente, en un mundo donde los medicamentos de alta tecnología suelen ser privativos debido a los costos, Cuba y su arsenal de investigadores ponen manos y sabiduría en función de una ciencia que restaure el bienestar de la salud de todos.
Jusvinza es una muestra. No solo porque apaga incendios moleculares; también enciende la luz de la recuperación al demostrar que cuando la precisión científica se une a la calidez del servicio público los resultados son, sencillamente, sanadores.
Tomado de Cuba Sí



