Recuerdos del abominable crimen

Era el vuelo CU-455 de Cubana de Aviación. La alegría inundaba su interior. Jóvenes deportistas vivían colmados de júbilo por el triunfo. Otras personas de varias nacionalidades compartían sus sonrisas, sus sueños.

Se trataba del equipo juvenil de esgrima que había conquistado la cima en el Campeonato Centroamericano de la disciplina en Venezuela. Pero las 73 personas a bordo, incluyendo la tripulación y habitantes de otras nacionalidades, perdieron sus vidas.

El capitán al mando hizo hasta lo imposible, pero nada pudo detener la caída del avión. Desde hacía algún tiempo, quienes se oponían al proceso revolucionario en Cuba, habían alertado que atentarían contra una nave en pleno vuelo, ¡y lo cumplieron!

El odio y la codicia acabaron con seres inocentes. Eran Luis Posada Carriles y Orlando Bosch quienes embarraron sus manos de sangre, quienes protagonizaron el cruel hecho.

Era el 6 de octubre de 1976. El día 15 se realizó la despedida de las víctimas en la Plaza de la Revolución de La Habana. Más de un millón de almas enardecidas pidieron justicia con nuestro Comandante Fidel al frente.

Como él mismo expresó, en ese momento, el dolor se compartió y se multiplicó. El atentado se mantiene impune. A pesar de los esfuerzos, los culpables siguieron caminando airosos por las calles de Miami, el lugar que les ofreció refugio y que se convirtió en símbolo de la injusticia.

Pero ya lo expresó el eterno rebelde, el Fidel que siempre nos guía y acompaña: “Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!”

 

Por Gianny López Brito

 

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