Se dice un hombre de paz, pero ha iniciado más guerras que nadie, no solo las más publicitadas agresión militar y secuestro del presidente en Venezuela y la de tierra arrasada en Irán, sino las menos en Yemen., Somalia, Iraq, Afganistán, manejando a mercenarios de toda índole, confiado en que la industria armamentista cuadruplique su producción letal y entregándole otras 12 000 bombas a su brazo armado en Israel.
Ahora, quien nunca había asistido a una ceremonia fúnebre militar de soldados norteamericanos, lo hizo con seis compatriotas muertos en la guerra que, junto a su amado Bibi Netanyahu, declaró a Irán, donde en esos momentos enterraban a 180 niñas escolares asesinadas en su primer bombardeo a la nación persa, donde ya hay más de 2 000 víctimas civiles.
Reuters, CNN, MSN y otros medios nada progresistas tenían que confesar, de una u otra manera, el momento embarazoso del presidente Donald Trump de tener que enterrar a soldados muertos en un conflicto iniciado por él, en complicidad con Israel.
La contradicción entre sus promesas electorales y el duelo de las seis familias de esos soldados, con las que Trump se reunió este sábado en la morgue de la base, ya ha generado las críticas de algunas de las figuras más destacadas del movimiento MAGA (Made América Great Agaín). Estas echan en cara a su líder que esté traicionando los ideales del América First (Estados Unidos primero) al embarcar al país en una guerra a miles de kilómetros de distancia.
No era la primera vez que Trump veía salir los ataúdes cubiertos por la bandera de las barras y las estrellas de la panza de una aeronave en una ceremonia de este estilo, pero sí la primera en la que no pudo echar la culpa a otro presidente de esas muertes.
En su primera presidencia, Trump, que el pasado mes de diciembre recibió los cuerpos de tres estadounidenses muertos en Siria, habló de la “dureza” de sus visitas a Dover, y en sus mítines, además de alardear de no haber comenzado ninguna guerra, solía recordar los gritos de los padres que recibían los cadáveres de sus hijos en Delaware.
Para él, aquellas ceremonias supusieron, según ha declarado, una lección sobre las consecuencias de las “guerras interminables”, como las de Iraq o Afganistán, que Estados Unidos ha librado tradicionalmente en lugares que muchos de sus compatriotas no sabrían situar en un mapa. La actual agresión en Irán, que este domingo cumplió ocho días no tiene un final a la vista.
Su antecesor en el cargo, el presidente Joe Biden, también tuvo que ir a Dover. En el verano del 2021, lo hizo para recibir los cadáveres de los 13 estadounidenses que fallecieron durante la caótica salida de las tropas de Afganistán. Fue uno de los puntos más bajos de su mandato. En el 2024, repitió; entonces los muertos fueron tres reservistas, caídos también en el Cercano Oriente.
CON LOS PELELES
Toda la ceremonia molesta para Trump ocurrió dos horas después de haberse reunido con 12 presidentes derechistas latinoamericanos, a quienes ha estado manejando como sus marionetas para integrar un nada glorioso Escudo de las Américas, que avala su agresión militar a Venezuela y ya comenta una posible intervención en la bloqueada Cuba, luego que termine la agresión a Irán.
En su refugio miamense, Trump, siempre con la “compaña” de su canciller Marco Rubio, se reunió con el popular presidente salvadoreño, Nayib Bukele, estrella del espectáculo, hasta el hondureño Nasry Asfura, impuesto a base de fraude descarado y nunca investigado.
En resumen, participaron los presidentes de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; Costa Rica, Rodrigo Chaves; Ecuador, Daniel Noboa; República Dominicana, Luis Abinader; El Salvador, Nayib Bukele; Guyana, Mohamed Irfaan Ali; Honduras, Nasry “Tito” Asfura; Panamá, José Raúl Mulino; Paraguay, Santiago Peña, y Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissesar, además del presidente electo de Chile, José Antonio Kast. Quedan fuera gobiernos como México, Colombia o Brasil, y, por supuesto, los vilipendiados de Nicaragua y Cuba.
Recordemos que la manoseada Cumbre de las Américas, el encuentro previsto en República Dominicana en diciembre pasado, se canceló después de que quedara claro que Donald Trump no asistiría. Las divisiones entre los gobiernos del continente eran demasiado profundas, se argumentó entonces. Ni Cuba, Venezuela y Nicaragua fueron invitados por Abinader, siguiendo instrucciones de Estados Unidos.
Este sábado, el presidente estadounidense presentó en su club de golf en Miami la esperada alianza con los mandatarios líderes de la región afines a su ideología reaccionaría. Las metas son combatir el narcotráfico y la inmigración masiva, y reducir la influencia de China en la zona, pero algunos de ellos tienen amplia participación en la explotación de las drogas y saqueos de los caudales oficiales con plena impunidad.
La reunión es un paso más, quizá uno de los más significativos, para poner en marcha la visión neoimperialista que destila en lo que la Administración republicana apoda la “doctrina Donroe”: ese nuevo “América, para los americanos” que proclamó James Monroe hace dos siglos y el que la Casa Blanca considera que Estados Unidos debe ser la potencia hegemónica en el continente. Esa doctrina, reflejada en la Estrategia de Seguridad Nacional, declara la principal prioridad en política exterior de Washington.
Aboga por estrechar los lazos con gobiernos y personalidades afines al trumpismo y fomentar su llegada o permanencia en el poder. Al mismo tiempo, prevé enfrentarse con los que considere hostiles, hasta el punto de deponerlos o amenazar con ello en los casos de Venezuela y Cuba.
Mark Schiefelbein, de AP, comenta que en el encuentro alardeó sobre el éxito de la agresión militar a Venezuela, el gobierno tutelado por Estados Unidos que encabeza Delcy Rodríguez “está haciendo un gran trabajo” y el petróleo que el país sudamericano deja en manos de Washington “empieza a fluir”. Sus Fuerzas Armadas han anunciado una operación conjunta de gran calado contra el narcotráfico en Ecuador. Y en sus declaraciones sobre la ofensiva conjunta con Israel contra Irán, alude cada vez con más frecuencia a Cuba y vaticina casi a diario, y sin necesidad de que le pregunten, que el gobierno cubano “está a punto de caer”.
DONDE SE CITA A DIOS
Los participantes en la reunión del club de golf de Trump en Doral (Miami) “son los líderes de estos países que han formado una coalición histórica para colaborar y atajar a los carteles criminales narcoterroristas y la inmigración masiva, no solo hacia Estados Unidos, sino en todo el continente. Es algo que sigue siendo una clave y prioridad absoluta del presidente”, anunciaba la Casa Blanca.
A su vez, el Departamento de Estado ha descrito el encuentro como un momento en el que “Estados Unidos dará la bienvenida a nuestros mejores aliados de ideas afines en nuestro hemisferio para promover la libertad, la seguridad y la prosperidad en nuestra región. Esta coalición histórica de naciones colaborará para hacer avanzar estrategias que detengan la injerencia extranjera en nuestro hemisferio, la inmigración ilegal y masiva y los cárteles y bandas criminales y narcoterroristas”.
En vísperas de la cumbre, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, viajaba a Doral para visitar el cuartel general del Comando Sur, responsable de las fuerzas estadounidenses en América Latina, y reunirse con sus homólogos de la nueva alianza, en un encuentro bautizado como Conferencia Anticartel de las Américas. Allí, el jefe del Pentágono vinculaba la migración masiva al fin de la civilización “occidental y cristiana en el continente, y sostenía: “Nos enfrentamos a una prueba esencial para determinar si nuestras naciones seguirán siendo naciones occidentales con características distintivas, naciones cristianas bajo Dios”.
Por Arnaldo Musa/ Tomado de Cuba Si



