La tormenta no ha cesado y en medio de una especie de calma intermedia se disparan los criterios y valoraciones sobre la Liga Élite 2026. La incertidumbre de sí o como se juega , dispara la polémica en los medios de difusión, redes sociales y reuniones entre amigos. Lo que se ha dicho y discutido por estos días alcanza sin dudarlo para una tesis doctoral aunque con un enfoque distinto entre una orilla del mar y la otra. Desde este archipiélago que respira béisbol apenas amanece abundan las recetas, propuestas para modificar los calendarios de nuestro deporte nacional, discrepancias con la fecha, la falta de peloteros que marchan a otras ligas, etc. En cambio, más allá del horizonte el discurso se disfraza de fabricados especialistas cuyo verbo no tiene otro objetivo que sembrar odio, ridiculizar métodos, atacar con cualquier arma, menos con la objetividad y muchos menos con el mensaje optimista.
Es cierto que algunos de esos “comentaristas” defienden criterios muy bien estructurados y con sólidos argumentos, aunque sin esconder o renunciar a su línea editorial que está diseñada para ponderar más las manchas del sol que su radiante luz.
Lo que sí está bien claro es que esta tercera versión de la Liga Élite de Béisbol llega en un momento donde la situación del país presenta un panorama bien vulnerable en lo que a logística se refiere. El principal obstáculo tiene que ver con la transportación y amparados en esa circunstancia se proyecta un torneo al estilo burbuja, con los seis equipos rotando en los estadios Latinoamericano de La Habana y Victoria de Girón de Matanzas. Esa medida traerá como resultado que cuatro de los seis equipos participantes jueguen sin el aplauso y las exigencias de su público. En este caso los más perjudicados serían los Leñadores de Las Tunas y los Cachorros de Holguín que estarán “movilizados” más de un mes, lejos de su familia y de sus seguidores.
Si el argumento de las autoridades deportivas es mantener la continuidad del evento, que los atletas se mantengan jugando o que de aquí salga el equipo a los Centroamericanos de Santo Domingo-2026, entonces hay que darle un voto de confianza a los organizadores y esperar por la voz de a jugar.
A propósito de la cita en tierra dominicana, no sería un mal método incluir en esa nómina a peloteros que son ejemplo de amor a su equipo y espejo para la juventud. Me refiero por ejemplo a los hermanos Yosvani y Yordanys Alarcón, dos figuras que año tras año juegan con la misma entrega y compromiso con su equipo y con su afición.
Pongo el ejemplo de ellos- y no soy tunero- pero los hay también en otras provincias que por años han sido fieles a su uniforme y jamás han sido tomados en cuenta para un campeonato extrafrontera.
Y como defiendo que en los momentos que estamos no debiera jugarse la LEB, también me uno a los que defienden la presencia de los 16 equipos en la Serie Nacional. Lo que se trata es de abrir espacios al sector privado, al patrocinio y a todas las iniciativas que hagan de ella un verdadero espectáculo para el disfrute de los aficionados. Todo está legislado, pero hay que sacarlo de las gabetas e implementarlo en toda su dimensión.
Y no porque sea desde hace más de cuatro décadas un soldado de la prensa deportiva en Cuba voy a dejar en blanco un espacio para este sector tan importante y tan comprometido con lo que hace y defiende. A nosotros no nos critica el INDER o algunas de sus instituciones, mucho menos nos criticamos nosotros mismos o hacemos valer el control de la calidad en cada una de las transmisiones de radio y TV.
Este ejército es reconocido internacionalmente por la exquisitez de su trabajo. No voy a mencionar nombres ilustres porque la plantilla es larga y sería injusto no mencionar a cada uno de ellos.
Pero como mismo el deporte cubano debe poner en función todos los caminos para seguir formando atletas de gran calidad, también del lado nuestro vale la pena hacer un paréntesis para corregir el tiro. Estamos en plena era de las comunicaciones, el mensaje llega por diferentes vías y por tanto se multiplican los elogios, pero también las “pifias”.
Contamos todavía con reconocidos profesionales y no pocos jóvenes con talento, pero no hay por qué descuidar la capacitación y formación de los que llegan y mucho menos perfeccionar al extremo los mecanismos de selección. No hay que alarmarse si reconocemos que no transitamos por un buen momento. No basta conque a alguien le guste el deporte si no reúne los requisitos necesarios, entre ellos algunos que no se aprenden en la Universidad.
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De la Liga Élite y algo más
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