Vilma Espín, estirpe de mujer revolucionaria

Vilma Espín es sinónimo de sacrificio, de mujer autóctona, amor y entrega. Ella dejó una huella imperecedera en la historia de nuestra patria.

Desde la lucha contra la dictadura batistiana, el triunfo de 1959 y hasta los últimos momentos de su vida aquel 18 de junio de 2007, fue símbolo de lealtad, empuje y lucha incansable en favor de reivindicar a la mujer.

Con los seudónimos de “Alicia”, “Mónica”, “Déborah” o “Mariela”, dejó su impronta en la lucha de la sierra y en el llano.

Nació el 7 de abril de 1930 en Santiago de Cuba, en el seno de una familia de alta posición económica, lo que no impidió que se identificara con los más humildes y las causas justas.

Fue una mujer de carácter decidido, un sentido ético en todas sus acciones junto con grandes principios morales, lo cual la convertía en una líder natural.

Desde joven, asumió posiciones políticas revolucionarias, y participó de manera activa en la causa revolucionaria.

Se sumó a al Movimiento 26 de Julio y fue colaboradora del líder revolucionario Frank País en las organizaciones que operaban en la región oriental.

Después del triunfo de la Revolución, se consagró a la lucha por la emancipación de la mujer y constituyó la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) el 23 de agosto de 1960. Labor a la cual consagró hasta el último minuto de su vida para lograr el progreso cultural, político, social y espiritual del sector femenino en la Revolución cubana.

Integró el Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su fundación, fue diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde su primera legislatura y miembro del Consejo de Estado.

Por sus relevantes méritos recibió múltiples condecoraciones, títulos y órdenes nacionales e internacionales, entre las que se destaca el título de Heroína de la República de Cuba, la orden Ana Betancourt y la Francisco de Miranda, de Venezuela; esta última otorgada por el líder de la Revolución bolivariana, Hugo Chávez.

Vilma presidió desde su creación la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social, y la Comisión de la Niñez, la Juventud y la igualdad de derechos de la Mujer, de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Madre, luchadora incansable, mujer abnegada que reflejó en su vida la causa de quienes no tenían nada. Dulce, amable y tenaz. Por su carácter afable y sincero se ganó el prestigio y el cariño de quienes le rodeaban. Por ello este pueblo le recuerda y le honra, continuando su obra y manteniendo vivos sus ideales de justicia y dignidad.

De ella expresara nuestro  Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la Reflexión: «Las luchas de Vilma« publicado el  20 de junio de 2007.

“El ejemplo de Vilma es hoy más necesario que nunca. Consagró toda su vida a luchar por la mujer cuando en Cuba la mayoría de ellas era discriminada como ser humano al igual que en el resto del mundo, con honrosas excepciones revolucionarias”.

“Los deberes revolucionarios y su inmenso trabajo nunca le impidieron a Vilma cumplir sus responsabilidades como compañera leal y madre de numerosos hijos”. 

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Doraines Avila Hernández

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