La otrora provincia de Oriente vio nacer el 23 de enero de 1833 a uno de los cubanos más bravos y leales: Vicente García González. Al paso del tiempo, develadas algunas notas, se ha podido hacer justicia acerca de la figura más controvertida o polémica de la República en Armas.
Comenzó sus estudios en tierra tunera y terminó de alcanzar mayor cultura en Santiago de Cuba. Con la posibilidad de poder elegir la continuidad de los negocios de su madre Rosa María González, relacionados con la compra y venta de ganado, optó por la causa independentista.
Cuando algunos lo tildaron de regionalista y sedicioso, la vida se encargó de sepultar las críticas con el resultado de sus propias acciones. ¿Cómo poder tratar de ensombrecer al hombre amado por una esposa fiel y valiente del Camagüey, llamada Brígida Zaldívar?
¿Qué de especial tendría el líder tunero que sus súbditos no querían otro jefe para la batalla que no fuera él? ¿Muchos pudieron librar como él decenas de combates? ¿Poco el talento y estrategia militar como para no poder ser Presidente de la República entre los años 1877 y 1878 y apoyar a Maceo en la Protesta de Baraguá?
No creo que alguien con tantos valores a su favor pueda ser ingenuamente relegado de los apuntes de algún escriba. Estas líneas no son para defender lo que la historia ya defendió, sino para recordar que hace 186 años nació un hombre que amó tanto a su patria, a su tierra, que prefirió verla quemada antes que esclava del enemigo español.
Conmemorar el advenimiento de uno de los mambises más corajudos de Las Tunas se hace necesario, el mismo que ni en su lecho de muerte, dejó de instar a sus compañeros de combate la necesidad de luchar por la independencia de la patria.
Cuando se habla de la entrega de Vicente García a su país, no se puede nunca dejar de citar las hermosas palabras de José Martí, cuando retrató el triste acontecimiento de su muerte:
Allá, en un asilo infeliz, moría tiempos hace, en la rústica cama, un General de Cuba, rodeado de sus hijos de armas, y se alzó sobre el codo moribundo, no para hablarles de los intereses de la tierra, sino para legarles, con el último rayo de sus ojos, la obligación de pelear por su pueblo hasta verlo libre del extranjero que le odia y extermina.
Pero, afortunadamente, hoy es 23 de enero para los tuneros y para los cubanos.

