Vencer a la monotonía…

“Cuando alguien se ha habituado en ciertos lugares a una dulce monotonía, no apetece ningún género de distracciones, ni por una sola vez, con el fin de no llegar a descubrir que se aburre todos los días”, dijo la célebre escritora francesa Madame de Staël.

No por gusto muchas cubanas y cubanos tratan de buscarle  sentido a la monotonía e invertir el tiempo libre. Más ahora, cuando las altas temperaturas agobian, y apremia la exploración de opciones que propicien el refrescante y sano esparcimiento durante la etapa estival.

Sin embargo, para muchos es más fácil caer tentado por la pereza que romper la rutina y buscar nuevas maneras de pasar un tiempo agradable.

La tendencia de los últimos años, especialmente para los adolescentes y jóvenes, es pasar más horas frente a una pantalla, de TV u ordenador, Tablet o teléfono móvil, para disfrutar de disímiles propuestas audiovisuales.

El impacto que tiene esta forma de comunicación (la audiovisual) se extiende más allá del puro entretenimiento. Es un mecanismo que saben aprovechar muy bien algunos, y otros desestiman.

Ejemplos hay muchos. Solo hay que darse cuenta de lo que a diario, en materia audiovisual, consume el público. Y me atrevo a decir que la mayor parte de las horas está destinada a productos audiovisuales extranjeros. Las razones para ello pueden estar dada desde los gustos e intereses particulares de cada quien, las modas e influencias e incluso, hasta la competencia desigual que se establece con los programas cubanos.

En este sentido, resulta extremadamente tentador el bien conocido Paquete Semanal. Por esta vía se distribuyen las más variadas propuestas de consumo audiovisual. Dentro de esas propuestas, solo una pequeña porción está dedicada a la programación de los canales de la TV cubana.

En el “paquetico” varían las opciones para todos los gustos y tamaños. Así, por ejemplo, encuentras telenovelas turcas, colombianas, brasileñas, mexicanas; documentales, series y películas de habla inglesa, los reality show en España, Estados Unidos y países latinoamericanos; dramas asiáticos y animes salidos de los mangas japoneses; y hasta consejitos de belleza.

De lo que no nos damos cuenta es que estos productos son modelos de conductas, y la mayoría de ellos solo agravan los modos de actuación de la sociedad. Por ejemplo, acrecientan la banalidad, el machismo y la violencia. Mal empleado, el audiovisual solo puede desencadenar un efecto boomerang.

Por supuesto, cada cual es dueño de sus gustos, y decide qué ve y qué deja de ver. Sin embargo, debemos ser conscientes de qué clase de productos consumimos, con qué clase de personajes nos identificamos y qué tipo de actitud asumimos ante la vida ante los retos que nos impone, no siguiendo patrones y cánones preestablecidos por una industria que solo busca ganar millones.

Por supuesto, toda moneda tiene dos caras, y a cada regla su excepción. El alcance del producto televisivo no responde solo a sus mensajes, sino a la naturalidad y estilos de vida que crea. El audiovisual reorganiza la existencia cotidiana de cada individuo y el tiempo en su hogar. En la TV se elabora el imaginario social.

El audiovisual tiene la capacidad de transportar a otras épocas y regiones. Da la posibilidad de conocer la historia, geografía, tradiciones, valores, modos de vida y cultura de otras partes del mundo. Por tanto es imprescindible saberlo emplear bien, de manera que, a la vez que entretenga, también enseñe para el bienestar de nuestra sociedad actual y futura.

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Lianne Gómez Rodríguez

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