La soledad se apodera del camino que lleva a la comunidad rural La Canoa, localizada a unos 30 kilómetros de la ciudad de Las Tunas y perteneciente al municipio de Jobabo.
Muy cerca, se localiza el hogar, de la campesina Adys Téllez Villa de 57 años, quien se dedica a la siembra de productos agrícolas y a la crianza de animales.
Ella es Licenciada en Biología y Máster en Ciencias de la Educación. Por ello en su finca crecen árboles de maderas preciosas, el yarey, utilizado en el campo para cobijar o tejer, y la palma real, símbolo de cubanía.
Dentro de su pequeño bosque una cinta identifica las plantas que describió el Apóstol José Martí en su Diario de Campaña. Pero cada mañana Adys y su vecino Geosdanys Peña, de nueve años, llegan a la escuela primaria rural Reinaldo Rodríguez, situada en un lugar cercano, conocido como Sabanita de Cayojo.
Allí Adys se desempaña como maestra, labor que realiza hace 40 años. “Para mí fue muy difícil porque impartía la docencia en una secundaria en la ciudad y me trasladé al monte. Pero la tranquilidad, el cariño de los niños y el amor de sus padres te hacen olvidar dificultades como la distancia y los problemas del camino para solo centrarte en una noble tarea como es enseñar con el corazón”, apuntó Adys.
Aunque los niños y niñas de esta escuela se reubicaron en otros centros docentes, Adys permaneció aquí como la única maestra y Geosdanys su único alumno. A ellos los une una historia de infinito amor. Hace dos años, a él le diagnosticaron una enfermedad crónica: leucemia.
“Por la grandeza de mi país mi alumno cuenta con los medicamentos de forma gratuita para garantizar su salud y con el amor de su maestra que lo ayuda y apoya en todo, y que en cada clase le ofrece sus conocimientos y su alma”, dijo Adys.
“El aula es mi lugar preferido y la asignatura que más me motiva es Matemática porque aprendo a sumar, restar, multiplicar y dividir. También me gusta mantener la escuela bien bonita junto a mi maestra y junto a ella prepararme para un día ser un combatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)”, explicó Gesodanys.
Al iniciar el presente curso escolar, Geosdanys comenzó sus primeras clases de Historia de Cuba junto a una metra apasionada que guarda las libretas y los dibujos de todos sus alumnos, convertidos en médicos, profesores, albañiles, abogados, veterinarios, campesinos o carboneros.
Ellos permanecen juntos la mayor parte del día y unidos no dejan ni un solo momento de aprender, vivir y soñar. “Cuando salgo a las calles y mis alumnos, ya hombres y mujeres, me saludan y abrazan agradecidos, pues siento una alegría infinita”, comentó Adys.
“Mi maestra es como si fuera mi segunda madre. Ella me forma con todos los valores necesarios para ser un hombre de bien y eso se lo voy a agradecer por siempre”, concluyó Geosdanys.

