Una historia singular

Desde pequeña siempre me gustaron los museos. Hasta tuve la suerte, allá en mi poblado natal, en Colombia, de participar en un círculo de interés de arqueología que se realizaba cada semana en una salita, localizada en la parte de atrás de aquel mágico lugar.

Quizás por eso y por el ejemplo maravilloso de mis padres de leer insaciablemente libros de todo tipo, pero sobre todo de historia, de nuestros próceres, de los combates más famosos y hasta de los hechos históricos más insignificantes, comprendí la necesidad de que mis hijos debían conocer desde su niñez cuales son raíces.

La historia local es imprescindible enseñarla con amor, y preferentemente vivenciarla en los lugares donde ocurrió. Por eso me parece impostergable que desde la infancia sembremos la necesidad de conocer la verdadera historia de nuestra nación, esa que contribuye en el proceso de identidad nacional de cada ciudadano.

Y así lo corroboré las pasadas vacaciones cuando llevé a mi hijo de 6 años a la casa natal del Mayor General Vicente García, el insigne  patriota  que protagonizó la Toma de Las Tunas, el 23 de septiembre de 1876.

Allí quiso conocer como fue posible conservar aquel gran caserón de hace tantos años, las grandes letras que tiene en una pared, suerte que ya sabía leer y con calma las fui oyendo una a una, “Tunas con dolor en mi alma te prendo candela, prefiero verte quemada, antes que esclava” Ahí comenzó lo más interesante el porqué de esa famosa frase y como ocurrieron los hechos.

En auxilio vino hacia nosotros una de las trabajadoras del museo y comenzó de memoria una explicación muy coherente y animada para un niño de 6 años.

Que si Las Tunas fue siempre escenario importante para España, la metrópoli que nos gobernaba por su posición geográfica, Una ciudad llena de fortines, sistemas defensivos interiores, fuertes, alambrados y centenares de soldados. Todo parecía cosa de ensueño.

Pero la historia se puso cada vez más interesante y yo veía como a mi pequeño Rodrigo se le abrían los ojos y el entusiasmo lo colmaba. Entonces preguntó y ¿cómo fue esa batalla?

La joven le contó que “Vicente García se valió de su gran red de inteligencia militar. Su agente más importante fue un francés Charles Filiberto Peiso, que era el secretario del Comandante español Félix Toledo Vidal., aunque también contó con el apoyo de otras personas dentro de la ciudad y eso le permitió tener una información completa de la ubicación de las fortificaciones, las armas y de todos los movimientos de soldados y pertrechos. De ese modo, el día 22 los mambises concentran sus fuerzas en una  fincas cercanas como Las Tablas y Ranchuelo, en las afueras de Las Tunas”.

Durante todo ese tiempo estuvimos sentados en la terraza interior que tiene la vivienda donde  soplaba un aire cálido, propio de esos meses de verano. Por lo que fue más agradable escuchar cada detalle del suceso.” En la madrugada del 23 de septiembre abren un hueco en la pared de la casa de Amalia Lora que vivía al lado de la Plaza de Armas, hoy Parque Vicente García, de ahí penetran al patio de la casa de Manuel Agustín Nápoles y entonces desde su portal dirigen el asalto”.

En realidad ella por cuestión de tacto obvió la parte de las armas blancas con la cual le quitaron la vida a toda una guarnición y pasó al final de suceso “Todo fue muy rápido. A las ocho de la mañana el Comandante español Félix Toledo Vidal tuvo que rendirse y la plaza cae en manos cubanas. Después del asalto van destruyendo la ciudad y el 26 de septiembre le prenden fuego, comenzando por esta la propia casa de Vicente García”.

De ahí la significación de la frase que caracteriza a la ciudad de Las Tunas. ¿Pero por qué quemarla? Insiste Rodrigo y es cuando la joven contesta” Porque Vicente García no tenían recursos suficientes para poder conservarla y si la dejaban intacta, los españoles con un ejército más poderoso  volverían para tomarla nuevamente.

Esta historia singular ocurrió verdaderamente le dice jocosamente, la trabajadora del Memorial Vicente García,  al niño, ahora espero que se lo cuentes a tus amiguitos cuando empiecen las clases y los convides a venir a este museo para que al igual que tú la conozcan.

Lleno de interrogantes, de nuevas palabras y mucha algarabía siguió mi pequeño aquel día y todavía hay noches que antes de dormir, me dice mamita, cuéntame la historia de la batalla de Las Tunas.

Por Yelenis Fernández García

 

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