Un ejemplo de maestra

Un reto para Carmen Quiala, a sus casi 50 años de experiencia educativa fue lograr que Reinier Hernández participara en el proceso de aprendizaje.

Esta maestra nos cuenta que ese alumno en especial lloraba mucho el primer día de clases, no se quería quedar en la escuela. “El venía de otro poblado y padece una cardiopatía y tiene además un angioma en la cara y el hígado. Todo ello le propiciaron estar en un perfil bajo dentro del sistema educacional, pues tiene un ojito del que no ve bien, sin embargo poco a poco fui ayudándolo, estimulándolo, le senté al lado un niño conversador, y lo fui enamorando con la maestría propia de esta profesión. A los pocos días de iniciado el curso y su mamá lo venía a buscar al mediodía para ir almorzar no se quería ir y le comentaba que como había aprendido cosas nuevas en la escuela”.

Este niño tímido  que hoy cursa el primer grado en la escuela primaria Camilo Cienfuegos,  del municipio Majibacoa, a casi un mes de iniciado el calendario académico se involucra cada día más en las actividades escolares.

“Esta es la satisfacción más grande que tiene un maestro ver avanzar un niño, consagrarse a él y  mediante varios métodos lograr que aprenda que se sienta bien en el aula”.

El cariño y profesionalidad de Carmen Quiala hacen posible superar  barreras como éstas. Una mujer que aunque se jubiló volvió a reincorporarse a educación para contribuir en la enseñanza de las nuevas generaciones.

“Me sentía como alguien que no era útil en su casa, me parecía que si me quedaba en la casa iba a envejecer de sufrimiento, y todo eso hizo que me reincorporara y mientras siga tiendo ánimos, voluntad y energía seguiré haciéndolo”.

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