Cuando se levanta muy tempranito allá en el municipio de Majibacoa Vilma Ricardo Cruz no piensa en la compleja situación del transporte, solo sabe que sus pequeños la esperan temprano para colmarla de alegrías y besos.
Esta labor es un desafío diario, al cual le pone todo su empeño. Vilma con la voz entrecortada nos declara que ella dedicó toda su juventud a los niños, hasta la actualidad continua en esta actividad de educar a infantes del segundo y tercer año de vida en el círculo infantil Zapaticos de Rosas de la ciudad de Las Tunas…” Esta labor la hago de corazón, con mucho amor y cariño”.
También refiere esta experimentada pedagoga, que fue de las primeras en realizar la Maestría en Ciencias de la Educación que una de las bases fundamentales de esta profesión es el trabajo con la familia. “La comunicación con ellos es esencial para desarrollar el aprendizaje del infante y que le den continuidad en el hogar, a este proceso y así lograr la formación de niños integrales”.
“En esta enseñanza se crean en el niño, a través del juego, habilidades comunicativas, se desarrollan la motricidad fina, para que posteriormente en el grado preescolar puedan manejar mejor el mouse, el lápiz y realizar así los trazos”. Así nos cuenta Vilma ya casi sin voz por la emoción.
En diciembre siempre se rinde homenaje a los educadores cubanos. En esta ocasión con Vilma Ricardo Cruz exponemos un ejemplo de consagración a una profesión que se lleva en el corazón.
Por Yelenis Fernández García.

