Tributo a un tunero universal

Hace ya catorce años, por estos días de mayo, en Las Tunas se lamentaba la pérdida de un escritor insigne, no solo del ámbito de las letras en el territorio, sino también de todo el país e incluso de Latinoamérica.

Considerado como un renovador por excelencia en el contexto de la narrativa cubana, Guillermo Vidal Ortiz, revolucionó con su modo de hacer la literatura finisecular del pasado siglo.

El acertado manejo de las técnicas narrativas contemporáneas, el empleo de un lenguaje directo y eficaz, una prosa incisiva y de evidente rigor técnico son virtudes que se le atribuyen a su obra, escudriñadora de las interioridades de las personas.

“Las manzanas del paraíso”, “Se permuta esta casa”, “Matarile”, “Donde nadie nos vea”; “El quinto sol”, “Ella es tan sucia como sus ojos”, “Confabulación de la araña” y “La saga del perseguido” se encuentran entre sus múltiples obras pertenecientes, en su mayoría, a los géneros de cuento y novela.

Lauros tan importantes como el UNEAC, el Alejo Carpentier, y el Premio Internacional de Novela Casa Teatro de Republica Dominicana obtuvo a lo largo de su vida este hombre que apenas vivió 52 años.

En ese lapso legó una reconocida obra que fue escrita en su totalidad en Las Tunas. Aquí, en esta tierra, habitaron los seres que lo inspiraron y también sus primeros lectores; los mismos hombres y mujeres que propiciaron la madurez de Guillermo en el oficio de observador impenitente de la naturaleza humana.

Con carácter póstumo, salieron a la luz varios de sus títulos. Uno de ellos es el libro “Las alcobas profundas” del cual expresó la escritora y miembro del jurado Marilyn Bobes:”…desde el cuento homónimo que abre el libro, hasta “Perro enamorado”, que lo cierra, es la memoria de un hombre que ejerció su vocación de escritor con la seriedad y la entrega de un misionero dejando tras de sí esa obra prolífica que seguramente hubiera tenido mucho más que entregar a quienes lo admirábamos y creíamos en él”.

A modo de aseverar tal opinión, quienes tuvimos la dicha de conocer a Guillermo nunca olvidaremos que siempre repitió lo que pudiera considerarse una suerte de confesión de su fidelidad al oficio:   “La libertad del escritor está en las palabras, en sus convicciones acerca de algo, y si es de verdad un escritor, pondrá por encima de todo, o de casi todo, su trabajo”.

Para este creador incansable la literatura debía hacer pensar, debía propiciar la polémica y consideraba que una de las misiones más importantes del escritor era decirle al hombre cómo es.

La lealtad a ese criterio se palpa, para bien de los lectores, en cada uno de los ejemplares del inmortal tunero. Un hombre que desde su terruño se elevó a la estatura de artista universal.

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