Ramón López Peña: soldado ejemplar

A escasos metros del enemigo, se encontraba el joven de apenas 17 años de edad, Ramón López Peña aquel 19 de julio de 1964. El joven soldado cumplía con su turno de guardia en la posta cubana 44, del entonces Batallón Fronterizo.

Eran exactamente las 7 y 7 minutos cuando el proyectil de un disparo hecho por un marine yanqui desde el interior de la base cegó la vida del muchacho.

De esta manera se convirtió en el primer mártir de esa unidad de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y un ejemplo para las nuevas generaciones de cubanos.

A pesar del intenso dolor por la pérdida, la serenidad de los combatientes frustró los intentos imperialistas de ocasionar un conflicto que justificara una intervención militar en nuestro país.

Ramón López Peña,  nació en el seno de una familia campesina el 15 de diciembre de 1946 en el Barrio La Morena, municipio de Puerto Padre, en la antigua provincia de Oriente, ahora Las Tunas.

Como hijo de una familia pobre de campesinos, tuvo que empezar a trabajar cortando caña y haciendo carbón.

Con apenas 15 años, integra las milicias nacionales donde fue escogido para el cumplimiento de su deber patriótico en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Por sus virtudes como joven íntegro le fue asignado el glorioso Batallón Fronterizo de Guantánamo.

En la unidad, el valeroso soldado conservó una actitud seria, valiente y responsable. A solo 17 meses de su estadía allí fue seleccionado como ejemplar durante el proceso de ingreso a la Unión de Jóvenes Comunistas en las FAR, que comenzó el 15 de julio, cuatro días antes del vil asesinato.

El joven soldado impresionó en la entrevista del proceso por poseer un carácter fuerte, noble y su deseo de ser comunista.

Ramón López Peña fue velado en Santiago de Cuba, donde más de 50 mil hijos de esta ciudad le rindieron homenaje.

El luto por la trágica pérdida colmó de dolor a todos los hijos dignos de esta patria, que alzó la voz de rechazo ante los crímenes y las agresiones del gobierno de los Estados Unidos contra nuestro pueblo, perpetrado desde el territorio ocupado ilegalmente por la base naval de Guantánamo.

El Ministro de las FAR Raúl Castro Ruz,  entregó a Andrés, padre de Ramón, el carné que reconocía a su hijo como el primer militante de la Unión de Jóvenes Comunistas en las FAR. Posteriormente el cadáver del soldado caído fue trasladado a su natal Puerto Padre donde fue sepultado.

Más de medio siglo después de aquella infamia, el recuerdo de Ramón López Peña perdura en la gloriosa Brigada de la Frontera, donde los soldados más destacadas integran la vanguardia combativa que lleva el nombre del joven mártir.

Una vez más los jóvenes revolucionarios defienden con firmeza este suelo patrio y reiteran que no renunciarán jamás a su soberanía sobre esta porción de territorio usurpada.

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Doraines Avila Hernández

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