Supersticiones de la vida

Si usted no es amante de la filosofía de la vida, entonces le recomiendo que no siga leyendo. Porque voy a darle respuesta a una pregunta. ¿Somos supersticiosos?

Horóscopos, gatos negros, espejos rotos, tocar madera, trébol de cuatro hojas… Las supersticiones están ahí, a donde sea que vayamos. Lo peor de todo, guían muchas de nuestras decisiones cotidianas.

Pero, ¿qué es la superstición? y ¿por qué somos supersticiosos?

Las conductas supersticiosas están por todas partes, y cada país, cada cultura tiene la suya. Según los filósofos es una creencia no relacionada con la fe y contraria a la razón. Consiste en atribuirle a las cosas, acciones o personas, virtudes mágicas.

Los psicólogos dicen que nace del sentimiento interno o la idea de que determinados comportamientos o acontecimientos pueden predecirse o evitarse.

La mayoría de las supersticiones nos llegan por parte de nuestros ancestros, es decir, se trasmiten de generación en generación. Sin embargo no existen basamentos verídicos y científicos que aseguren que estas creencias se materialicen en realidad.

Es fácil desear que algo sea cierto, real y tangible, de ahí que inconscientemente buscamos darle explicación a lo que sucede, sea bueno o malo.

Sucede  entonces,  por ejemplo, que si Fulanita se cruzó en su camino a la “shoping” un gato negro ya no podrá comprarse el último grito de la moda en materia de super zapatos de tacón de aguja. Toda una tragedia.

O que Zutanito, en su afán impetuoso de ayudar a su abuela a reordenar la casa, rompió un antiquísimo espejo y ahora tendrá SIETE años de mala suerte.

Y qué me dicen del fatídico número 13, que resulta de mal agüero para muchas sociedades. Tanto así que, en muchos lugares se omite, como si no existiera el numerito, como si omitiéndolo evitaran la mala suerte. El colmo es que ya hay quienes ni van al trabajo si cae Martes 13 o Viernes 13, dependiendo de la región.

Cada una de estas supersticiones tiene su origen. Así por ejemplo, lo del gato negro, una de las más difundidas, viene del antiguo Egipto, en donde a los gatos se les consideraban representaciones de deidades en la tierra. De ahí pasó a Europa medieval, en donde se asoció al gato negro con la brujería, por lo que se entendía que cruzarse con un gato negro era un mal presagio, pues una bruja podría andar cerca. También procede de la idea establecida por la Santa Inquisición de que ese animal era una reencarnación del Diablo.

En el caso del espejo roto, que según los más supersticiosos es una de las supersticiones más poderosas, la idea viene de que al dañar un espejo nos dañamos a nosotros mismos, ya que la imagen es un reflejo nuestro y algunos creen que el cuerpo sufre cambios significativos cada 7 años.

En cuanto al número 13, varias culturas europeas lo categorizaron como un número de mal augurio. Si bien no se tiene muy claro por qué se eligió al viernes 13 como un día supersticioso, los historiadores tienen algunas teorías. El viernes es considerado dentro de la cultura cristiana como un día de luto, puesto que Cristo fue crucificado un viernes. También fueron 13 comensales los que estuvieron junto a Jesús en la última cena.

En la mitología nórdica existen un total de 13 espíritus malignos. En el libro del Apocalipsis, en el capítulo 13, aparecen el anticristo y la bestia.

Sin embargo hasta la fecha no se ha llegado a un consenso sobre por qué el 13 es un sinónimo de mala suerte en la cultura popular.

Por supuesto, no todas estas creencias resultan en fatalidad. También están aquellas que brindan buena suerte, como el trébol de cuatro hojas, cruzar los dedos, tocar madera o la herradura.

En fin, que si nos ponemos a contar vamos a encontrar más supersticiones que hojas en un árbol.

Puede ser cosa de ADN, o sencillamente de años y años de tradiciones pero, por lo general, la necesidad de control o certeza es la fuerza impulsora que se esconde tras la mayoría de estos sortilegios. Generando, además, la tendencia a buscar algún tipo de regla, una explicación objetiva de por qué las cosas suceden.

A menudo, nos encontramos en situaciones en las que esperamos un resultado de algo importante que va a suceder. Sin embargo, no importa qué tan seguros o preparados estemos para enfrentar el evento,  el acontecimiento puede desencadenarse de un modo diferente al esperado. En estos casos, la superstición proporciona la confortable sensación de haber hecho una cosa más para tratar de asegurar el resultado esperado.

Ahora, vamos a estar claros de algo, las supersticiones no son, para nada, una manera racional para alcanzar los objetivos trazados en la vida. Además, ni siquiera es recomendable para alcanzar el éxito laboral o personal, aunque haya algunos que opinen lo contrario.

Sí, puede ser que la superstición brinde una sensación de seguridad y confianza, pero también desencadena otros efectos como la ansiedad, limita los planes y refleja poco control personal. Si se combina con un mal hábito, como los juegos de azar, genera hasta problemas económicos.

En la actualidad, la sociedad aún se rige por hechos de este tipo. No es de extrañar entonces que se encuentre usted por la calle a una persona “jugando un numerito”, porque se topó cinco veces con un perro de color verde. O que en las tan populares redes sociales, sea moda las cartas en cadenas; esas que si no las compartes con cien amigos más, te cae una maldición peor que la del espejo roto.

Mire, lo cierto es que la suerte se la crea uno mismo, sin depender de eventos ajenos a nuestra voluntad. Hay que saber luchar por lo que queremos, sin tener que contar con espejitos, tréboles, ni varitas mágicas. Las mejores supersticiones de la vida son aquellas que logramos con esfuerzo propia y con voluntad.

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