Por eso se llama Sirvén

Topé por primera vez con el asunto que trataré en este trabajo a través del libro Las Tunas, localidad, cultura e identidad, del licenciado Víctor Manuel Marrrero y Zaldívar. Dice en su obra el Historiador de la Ciudad: “En 1893 viene a Las Tunas la doctora en Farmacia Mercedes Sirvén, nacida en Bucaramanga, Colombia, cuya familia era natural de Gibara, y estableció su hospital de campaña en la zona de Camalote de Jobabo, que hoy lleva el nombre de Sirvén en honor a la ilustre cubana, accidentalmente nacida en tierras colombianas, quien fuera también comandante del Ejército Libertador”.

Me interesó tanto el tema que busqué información en Internet. Así supe que la doctora Sirvén procedía de una distinguida familia muy identificada con la causa independentista criolla del siglo XIX. Por tales motivos, sus progenitores se vieron obligados a emigrar a la República de Colombia, donde nació Mercedes, quien exhibió precozmente su carácter valiente y rebelde cuando tomó incondicional partido por la emancipación de Cuba del colonialismo español.

A inicios del año 1895 la muchacha culmina sus estudios de Farmacia en la Universidad de La Habana. Retorna a la ciudad de Holguín, y se  encuentra con que su  hermano, el doctor Faustino Sirvén, anda en trajines de incorporarse a la lucha armada. Mercedes los secunda y ambos toman rumbo a la manigua.

Una biógrafa suya, la doctora Vicentina Elsa Rodríguez, reseña de la siguiente manera aquel instante: “El Jefe de Sanidad Militar, Dr. Sánchez Agramonte conoce su decisión y agradece el magnífico aporte profesional así como la gran cantidad de medicinas que llevaron los hermanos procedentes de La Habana. Enseguida se le extendió a Mercedes el diploma de Capitana de Sanidad en el Rancho de Palmarito del sur de Las Tunas, donde quedó establecida su Botica Revolucionaria, con su inmenso tesoro avaramente oculto a los indiscretos. En  1897 fue ascendida a Comandante, grado con el que terminó la contienda”.

No se limitó a ejercer la medicina entre los mambises, pues arriesgó su vida más de una vez  y escuchó de cerca el silbido de las balas. Del mismo campo de batalla logró evacuar a los heridos, a quienes salvó luego con amor y ternura. Según asegura María Collado, otra de sus biógrafas, “Mercedes Sirvén se distinguió por poseer una mente bien organizada y un alma gigante”.

Al concluir la contienda independentista, se hizo cargo de la dirección de Farmacia del Hospital Civil de Holguín. Luego, en 1902, inauguró su propio dispensario. Falleció en La Habana, en la madrugada del 25 de mayo de 1948.

La comunidad tunera que lleva por nombre Sirvén se enorgullece de la estirpe de aquella valerosa mujer, quien, no conforme con vestir la bata médica en los campos insurrectos de la zona, se vistió de gloria para legar una referencia escrita con letras doradas a los anales históricos de nuestra provincia.

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