S.O.S: Juegos en peligro de extinción

¡Uno, dos, tres! ¡Listos o no, ahí voy!… Estos eran los alegres gritos que ocupaban mis mañanas y tardes infantiles con los amiguitos del barrio. Qué días aquellos, cuando correr, saltar, patear una pelota e interpretar al aire libre el rol de mamá, papá, princesa, héroe o villano era el tiempo mejor invertido para mis compañeros de juegos y yo.

Ahora… ya no.

La tecnología, tan útil y necesaria a veces y tan absorbente otras, ha venido a desempeñar un papel muy importante en la sociedad actual. Sin embargo, preocupa la forma en la que ha entrado en la vida de las personas y ha cambiado las maneras de pensar y actuar de muchos, incluyendo los más pequeños de casa.

No extraña, en estos tiempos de aparatos sofisticados, ver a un niño o a una niña con el celular de papá o con la Tablet de mamá. Lo extraño, casi aberrante, es ver a un chiquillo montado en una chivichana, jugando a las bolas (o canicas), empinando un papalote; y a una chica vistiendo a una muñeca de trapo o dando “de comer” a un bebé.

¿Qué ha ocurrido con los juegos tradicionales, esos que incentivan a los pequeños, y a los no tan pequeños, a interactuar en grupo, a profundizar los lazos de amistad?

Respuesta: las nuevas tecnologías de la informatización y la comunicación (TIC).

El impacto que tienen las TICs en la vida de los seres humanos es innegable, tanto así que nos hemos vuelto dependientes de ellas; y por supuesto los niños no escapan al bombardeo diario de la tecnología.

Hace algunos años, no tan lejano en el tiempo (más bien cosa de diez o quince años), no se desperdiciaba el tiempo con un solo aparato en la mano. No, los muchachos jugaban a las escondidas, se subían a las matas (si los padres los cogían tremenda tunda le daban), jugaban a la pelota –de trapo, plástico, goma, la que apareciera-; incluso hasta se bañaban en los aguaceros y saltaban en los charcos.

Ese tipo de juegos han quedado casi en el olvido, porque las formas de jugar han cambiado. Y no es que un tipo de juego sea mejor que el otro. Todos tienen sus ventajas y desventajas.

Sin embargo en el caso de los juegos tecnológicos, aunque estimulen la imaginación o la coordinación psicomotora, van perdiendo otras habilidades -de orden físico y también mental-.

A un niño que pasa mucho tiempo frente a la pantalla de un celular, Tablet, ordenador o TV, se le hace más difícil socializar con otras personas, se vuelve sedentario, agota su vista más rápido que otros niños, y se convierte en un “solitario”.

Por otro lado los juegos tradicionales, esos que jugaban nuestros padres y abuelos, sí fomentan las habilidades sociales, ya que al jugar en grupo los niños y niñas son capaces de respetar y conocer a otros (de su misma edad, mayores o menores), creando y fortaleciendo vínculos de amistad.

Pero además, desarrollan la imaginación y la creatividad, descubren su entorno y comienzan a plantearse preguntas (preguntas que a veces vuelven locos a los adultos).Y al practicar juegos deportivos desarrollan diferentes habilidades motrices.

No se trata de sentenciar a las nuevas tecnologías, ni a los aparatos sofisticados, sino de saberlos emplear inteligentemente, y a su debido tiempo. Se trata, también, de saber educar a los más pequeños de casa en el uso y utilidades de las TICs.

Afortunadamente, en Cuba todavía se pueden crear y fomentar estrategias, encaminadas a que los niños disfruten e inviertan mejor su tiempo libre, desde la comunidad, la escuela y la familia.

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