Remembranza apícola

Remembranza apícola

Juana Zulueta Álvarez es una amanciera que, quizás, pasa inadvertida ante los ojos de quienes habitamos este sureño paraje de la geografía tunera. Aunque ya ha vivido seis décadas, siente pasión, como el primer día, por las abejas. No, no es apicultora, pero guarda en su corazón el  grato  orgullo de ser hija de uno de los primeros hombres que en Amancio se dedicó a esta actividad.

En el reparto Martínez, donde se instaló su abuelo cuando llegó de Trinidad buscando trabajo en la otrora Franscisco Sugar Company, ella convive con  recuerdos imborrables que comparte con aquellas personas que se interesan por esta misteriosa especie.  Allí permanecen intactas máquinas, restos de colmenas, tanques y otros añejos utensilios que le dieron vida a su familia.

“Fue mi abuelo quien trajo esa tradición”, asegura Juanita como todos le conocen por los alrededores. Más tarde Guillermo Zulueta Moreno (padre) y Feliciano Zulueta Moreno (tío) llevaron adelante la pasión de su padre hasta convertirse en los primeros apicultores del municipio.

Según estadísticas familiares, antes de 1959 llegaron a tener alrededor de 400 colmenas, en más de 15 colmenares en varias comunidades rurales, incluyendo al poblado costero de Guayabal donde lograron un fuerte movimiento. Era tanta la miel que acopiaban, que gran parte la enviaban desde aquí  a Manzanillo en una lancha de pasaje.

Luego del triunfo revolucionario y con la creación de cooperativas, “Los Hermanos Zuluetas”, como se hacían llamar, se incorporaron a las entregas siendo los de más aportes en la provincia de Las  Tunas por varios años consecutivos. Los reconocimientos que desafiaron inundaciones pero perduran para la historia, dan fe de una hazaña que aún queda en las anécdotas  de los lugareños.

Vuelven las remembranzas apícolas y la mirada de esta mujer se pierde tratando de encontrar en su memoria la fecha en que su padre y su tío lograron entregar 100 toneladas y fueron reconocidos a nivel de país. Hasta principios de la década del 2000 estos héroes anónimos continuaron con una tradición que lograron transmitir a nuevas generaciones.

Hoy, Guillermo Zulueta Álvarez y Raidel Reyes Zulueta, hijo y nieto, respectivamente, están incorporados a la entrega de miel, como sus antepasados, además de la cera y propóleo. Asociados a la cooperativa de créditos y servicios “Lino Álvarez de las Mercedes”, en el 2016 cumplieron los planes de entrega ubicándose entre los primeros de su tipo en la localidad. Ellos también contribuyeron para que el municipio hoy  los primeros peldaños del territorio tunero. Ahora la misión está en desafiar las adversas consecuencias que les impone la sequía porque las abejas también necesitan de la lluvia.

Vuelve la sonrisa a los labios de Juana.  Esta vez para asegurarnos que, como los Zuluetas, las abejas son una gran familia. Ellas tienen el don de un misterioso arte danzando en el aire en busca del lugar indicado donde hilvanar sus dones mágicos. Es, sin dudas,  una tradición que defiende por la memoria de aquellos que llegaron un día al Francisco y nos dejaron el dulce néctar de una flor devenido en miel para la vida.

Por Bárbara Borrás Aguilar

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