Reflexiones para la familia cubana en esta navidad

En los últimos días del año muchos tienen la tradición de hacer un recuento sobre todo lo ocurrido en esos 365 días. La navidad también convida a esa evocación que puede ser en familia.

Y es muy importante saber cuánto hemos logrado en todos los ámbitos de nuestra existencia y sobre todo proponernos desafíos diferentes para el próximo año.

Es ahí donde la familia debe contribuir, pues si desde pequeños crecemos guiados por valores como la responsabilidad, honestidad y el  patriotismo, tenemos un trecho ganado. Precisamente es en el hogar  donde se logra de forma más efectiva la transmisión de esos valores y la educación de niños y jóvenes.

Diversos investigadores cubanos alertan sobre la relevancia que tiene la familia como el primer espacio de socialización del ser humano, célula básica que es  imprescindible para la satisfacción de necesidades emocionales como el cariño, la contención y la autoestima. Solo que a veces la familia, en un concepto erróneo, se lo dejan todo a la escuela, y es precisamente ahí donde ocurre el primer error y es el menor quién termina solo durante el largo proceso de aprendizaje.

Sobre este largo camino de la formación de nuestros hijos les quiero comentar en este final del 2016 para iniciar un año fructífero y dirigido a reforzar  la educación desde el hogar.

Los psicólogos previenen sobre como los apremios de la cotidianeidad han reducido el tiempo real para la crianza y comunicación afectiva de padres-hijos, y en el hogar se ocupan más del uniforme y las tareas escolares, la alimentación y otras necesidades materiales, que de la formación y consolidación de valores, hábitos, y rutinas positivas para que nuestros hijos sepan comportarse en la sociedad.

Es necesario destacar el llamado a que los padres asistan a las reuniones en los centros educacionales desde edades tempranas de los infantes para conocer con quienes se relacionan nuestros niños, cuáles son las actitudes que asumen en lo cognitivo, y en el proceso de socialización con los otros educandos. De igual forma  compartir con todos los integrantes del seno familiar los resultados halagüeños de nuestros hijos en el estudio eleva su autoestima y permite que se estrechen los lazos afectivos y como soporte a  los problemas que se presentan a diario.

La ausencia de la figura biológica paterna en gran cantidad de residencias, es otra de las realidades que se determinaron en  estudios recientes. Hoy el 70 por ciento de los niños cubanos nacen fuera del matrimonio legalmente establecido, bien como fruto de la unión consensual o en circunstancias de maternidad soltera. En nuestro país se trabaja intensamente en aras de fortalecer el trabajo educativo desde el hogar.

Esta problemática se une las condiciones materiales de vida. Factores que predisponen, condicionan y precipitan, a los jóvenes en un segundo plano en el seno del hogar y propician conductas incorrectas en el aprendizaje, acciones negativas en la escuela y la comunidad. Además de otros agentes sociales de influencia.

También otro fenómeno que ha aparecido en los últimos años y es inevitable por el propio desarrollo de la humanidad son las nuevas tecnologías que, si bien favorecen con herramientas novedosas el proceso docente educativo, también provocan el aislamiento de los adolescentes, los convierte en meros reproductores de conocimientos y los envenena con juegos que trasforman su realidad hasta enajenarlos de la sociedad.

Sobre este tema es válido reflexionar y continuar profundizando. El sistema nacional de enseñanza en Cuba encamina  esfuerzos de psicólogos, docentes y trabajadores sociales con el reto de transformar la vida de cada ser humano  desde las aulas. Pero toca a la familia crear pautas a seguir desde el mismo nacimiento, pues como reza el viejo refrán la educación comienza desde la cuna y es poco el esfuerzo que hagamos los padres para hacer de nuestros hijos verdaderos hombres mujeres de bien.

Por Yelenis Fernández García

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