Redescubra La Edad de Oro junto a sus hijos

Como propuesta de recreación en el verano casi nunca pensamos en la lectura. Ese mundo fascinante que se descubre desde las páginas de un cuento, un libro de aventuras o una novela de amor.

En las edades tempranas acostumbramos a leerles a nuestros hijos cuentos infantiles. Hoy en día muchos padres sustituyen ese inigualable acto con un video sobre esas mismas historias para niños, pero desde un teléfono móvil o una tableta. Nada sustituye la voz de una madre o un padre relatando esos cuentos. Interpretando cada uno de sus personajes con verdadera maestría.

Por ejemplo en mi caso cuando tenía 8 años comencé a leer, por primera vez la obra martiana, La Edad de Oro, de José Martí y desde la misma dedicatoria me impactaron aquellas palabras regaladas a los niños y las niñas del mundo.

Claro sin la guía de mis padres eso no hubiera sido posible. Ellos me enseñaron a descubrir, en cada historia, un nuevo personaje, más interesante que el anterior y ser parte de fantástico mundo de conocimientos que fomenta la lectura.

Hoy, esos atrayentes textos se los leo a mis hijos para que aprendan a ser hombres y mujeres de bien, como dijera Martí. “Para eso se publica La Edad de Oro: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy (…) Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien: hombres elocuentes y sinceros”.

Releyendo sus páginas descubrí que precisamente fue en este mes de julio de 1889, cuando apareció por primera vez esta publicación. Una revista mensual de recreo e instrucción publicada en Nueva York, de la cual, solo salieron cuatro números, con 32 páginas.

Sin duda alguna, el Apóstol se entregó con amor a esos textos y logró transmitir un mensaje universal. En sus cuentos, poemas, versos y artículos inspiró su recio ideario anticolonialista, el amor por la gran patria latinoamericana, la devoción por la justicia, la verdad y la belleza.

Los cuentos de los Tres héroes, Meñique, Los dos príncipes, Nené Traviesa, El Camarón encantado, La muñeca negra o Los dos ruiseñores cautivan a todos por igual, sin importar la edad que se tenga. Es así que los de mi generación, crecimos con el poema Los zapaticos de rosa, ese que escuché recitar, con lágrimas, en los ojos, en la actividad del fin de curso del círculo infantil donde cursa estudios mi niña. Legados que recibimos desde pequeños y que nos sirven para toda la vida.

Todos los que quieran ser hombres buenos, deben leerlo; y los que tenemos la responsabilidad de educar a nuestros hijos, en el camino de la verdad y el amor, debemos no solo leerle la obra “La Edad de Oro” a los niños, sino poner en práctica, esos maravillosos consejos que da Martí, para el trato con nuestros semejantes.

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Yelenis Fernández García

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