Con las primeras luces del alba inicia el palpitar del día a día en la comunidad de San Joaquín, perteneciente al municipio de Majibacoa y a unos diecisiete quilómetros de la ciudad de Las Tunas.
Allí se localiza el hogar de la familia Miranda. En la cocina un sonido peculiar interrumpe la tranquilidad del monte para, de la forma más tradicional, marcar el comienzo de la mañana, de la vida.
Dentro del hogar la foto del abuelo Rafael Miranda, ya fallecido. Él materializó la tradición musical que nació de sus descendientes, entre ellos Vicente Cutiño, cantor, poeta popular y valeroso mambí de las guerras por la independencia de Cuba.
Gracias a ese legado, cultivado desde hace más de cien años en la zona de la cuenca del Río Cauto, nació en San Joaquín, en el año 1991, el grupo Raíces Soneras, dirigido hoy por la hija de Rafael, Edy Miranda.
“Desde pequeña quise estudiar música pero cuando llegaron las planillas de inscripción para la escuela, mis padres no me lo permitieron, pero no me rendí y mirándolos aprendí todo lo que hoy sé”, explicó Edy.
Cada año, entre los bambúes de El Cornito, sede del guateque mayor del campesino cubano, la Jornada Cucalambeana, el espacio del bohío campesino le pertenece a la agrupación, defensora del son y de otros ritmos tradicionales como el nengón y el sucu- sucu.
Pero es en San Joaquín donde Raíces Soneras convierte la música en poesía del viento, del alma. Su sede es el propio hogar, la Casa de las Tradiciones, un bohío típico devenido museo en medio del monte. En su exterior atrapa la cultura campesina y dentro se respira música en cada rincón.
Allí Mariela Rodríguez apuesta por la tradición para que no muera la historia de su familia.
“Me he dado a la tarea de recuperar todo el legado de mis antepasados para que no se pierda cada detalle, que es también parte de la historia de la nacionalidad cubana. Para ello he contado con el apoyo del Consejo de Casas de Cultura y de amigos entrañables que son profesores, investigadores e historiadores”, comentó Mariela.
Avanza el día y cuando los integrantes se reúnen comienza el ensayo. Muy cerca se ultiman detalles para el toque de la tumbandera, instrumento que funciona como un bajo rítmico. Así inicia el jolgorio que solo se detiene cuando el público quiera.
La agrupación incorpora además la sonoridad de la marímbula, de origen africano, la cual se mezcla con las claves, las maracas, la guitarra y el tres. Tampoco falta la danza. “Fue mi idea añadir una pareja de baile porque así los integrantes de la familia que no tocaban pues tenían un motivo para sumarse. La iniciativa es muy popular en cada presentación e imprime un sello de ritmo y alegría”, agregó Mariela.
Raíces soneras posee el premio Memoria Viva 2015 y 2016, otorgado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, así como el Laúd Cucalambeano y el Sello por el medio siglo de la Jornada Cucalambeana.
Su repertorio incluye temas de la autoría de Rafael Miranda y de sus hermanos, como La Chumbambá, Parrandero y Lágrimas del alma. Para la agrupación el relevo está garantizado con Rocío, hija de Mariela y nieta de Edy.
“Estudio en la Escuela Profesional de Arte El Cucalambé de Las Tunas el tres, que era el instrumento que siempre tocó mi abuelo Rafael Miranda. Además siempre contribuyo con el grupo en las presentaciones para que así no muera la tradición de mi familia”, argumentó Rocío.
Ya lo dijo el escritor español Alfonso Rodríguez: “La tradición no se sirve del tiempo porque es eternidad”.

