El primer tunero internacionalista

«Patria es humanidad», asevera  una sentencia martiana. Antes de que los cubanos la adoptáramos  como filosofía de combate en otras regiones del planeta, ya un coterráneo de ilustre linaje figuraba entre los caídos allende nuestro archipiélago: Braulio García Zaldívar, el primer tunero inscripto en el martirologio de los combatientes internacionalistas.

Braulio nació el 30 de marzo de 1863 en la casona que su familia poseía en la céntrica calle Real, en la otrora villa de San Jerónimo de Las Tunas. Fue el primogénito del matrimonio formado por el Mayor General Vicente García y  Brígida Zaldívar, dos personalidades de nuestras gestas emancipadoras sin las cuales resultaría imposible escribir la historia tunera del siglo XIX.

Años antes de venir al mundo, ya su padre conspiraba contra España, pues en 1856 organizó un movimiento independentista en la zona. Luego el también marchó a la manigua redentora y, por méritos obtenidos en combate, llegó a desempeñar altos cargos militares en el Ejército Libertador. Incluso, fue Secretario de Guerra y hasta Presidente de la República en Armas.

En 1871, tres años después de la clarinada de La Demajagua, los duros avatares de la contienda y la amenaza de represalias y maltratos por parte de los españoles, hicieron que Vicente García conminara a Brígida a viajar al exterior en compañía del pequeño Braulio, de apenas ocho años. La separación afligió a la familia. Sin embargo, no se podían correr riesgos innecesarios

Pero no estaba hecha la brava mujer para escamotearle soldados a la Patria. No era ella de las que miraba con indiferencia el sacrificio de tanta gente buena en aras de liberar a Cuba del colonialismo español. Tan pronto el chico cumplió 13 años, lo remitió al monte desde Jamaica, donde había levantado campamento, a pelear junto a su padre y a convivir con el machete.

Seis años después, Brígida envió a Braulio a estudiar a los Estados Unidos junto a Pedro, otro de sus vástagos. Pretendía buscar apoyo entre los emigrantes cubanos para no permitir que se apagara la llama de la guerra. Luego sobrevino el Pacto del Zanjón con su tristemente célebre corolario.

Luego de la Protesta de Baraguá, Vicente García González se fue a Venezuela a reunirse con Brígida, a quien no veía desde hacía seis años. En Caracas se reunió con Pedro y Braulio y juntos viajaron a Río Chico. La realidad criolla sugería aguardar por momentos más favorables para volver a la manigua.

En el ínterin, Braulio se vinculó con los patriotas venezolanos que luchaban por terminar con la feroz dictadura de Guzmán Blanco. Cachorro de león y de leona, carácter indómito y recto, no se permitió contemplar desde la distancia el drama llanero. Máxime cuando la noble tierra de Simón Bolívar le había ofrecido cobija a él y a su familia. Y fue así que se lanzó al ruedo. Murió como los grandes, en combate, en 1884. Tenía entonces 21 años.

Los restos de Braulio García Zaldívar reposan en la bóveda paterna, en el cementerio municipal de Las Tunas. El MSc. Víctor Marrero Zaldívar, Historiador de la Ciudad, ha sugerido trasladarlos para el panteón de los mártires internacionalistas del propio campo santo. Y es justa su propuesta. Porque, ¿acaso no lo amerita la naturaleza heroica de su muerte?

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Juan Morales Agüero

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