Personajes de mi barrio

Si me preguntaran qué es el barrio, diría que es un gran abanico, un batido de muchas frutas tropicales. Allí realizamos actividades cederistas y comunitarias, pero en él también viven personas que se han convertido en celebridades de la modernidad, de las cuales podemos depender en algún momento, y muchas nos ayudan a convivir mejor.

El primero que se deja escuchar es el vendedor de pan. No sé su nombre pero no hay una sola persona que no identifique su voz. Es una especie de despertador ambulante, que toca el silbato a las seis en punto de la mañana, entonces pregona bien alto: “¡El pan, qué clase de pan…pan de la calle Colón!…”

Rafael no deja de ser bien conocido, particularmente entre los que tienen capacidad de ser aventajados en la contabilidad. Es trabajador por cuenta propia y los vecinos más curiosos le cuentan hasta los remaches que compra para hacer ventanas de aluminio en el traspatio de su casa.

Genaro, aunque le quite a los consumidores dos o tres onzas por cada pesada en la placita, quedan satisfechos por su atención: “El frijolito está que se desbarata y ese tipo de plátano, mientras más le das candela, mejor queda… esa yuca de oler el agua caliente, ya está blandita. Cómprala, no te vas a arrepentir”. Además es meloso, bien educado con los hombres y atento con las mujeres, ¿qué más se puede pedir?

Azday es la vecina de enfrente. Vas a pedirle un poquito de sal a la casa y te da también unas hojitas de cilantro, un poquito de comino o lo que tenga a mano, que le sirva para hacer sentir bien al necesitado. Es de las colindantes que todos quisieran tener siempre cerca.

Si se enferma alguien, es la primera en ir a decirle que allí está para lo que haga falta, “lo que haga falta” –Lo reitera con vehemencia-  Si te sientes mal y ella está lavando pide la ropa que tengas. O si hay un vecino operado, es la que se encarga de limpiar la casa y de traerle meriendas. Todo lo hace con sinceridad y disposición.

Y a Rosalinda nadie la calcula, solo un otorrino, si le midiera la fuerza de las cuerdas vocales cuando habla en tono alto -que es casi siempre-. No hay nada que deje de sorprenderla. Su reacción ante cualquier rumor es de un puro asombro, pero es servicial, atenta y dadivosa.

Es la que mejor cocina en el barrio. Cualquiera se muere por probar un bocado hecho por ella. Muchos le preguntan cuál es el secreto de su sazón, y sonriéndose contesta que ni ella misma sabe: “yo ni le quito bien la cáscara al ajo, todo lo echo junto en la olla sin sofreír… y ya”.

Así de sorprendente es el lugar donde vivo. De esa manera pasamos nuestros días, entre sombras y luces, o en el intento de una improvisada caldosa en una fecha significativa para el barrio…Solo hay que saber convivir.

(Visited 4 times, 1 visits today)

Entradas Relacionadas:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *