En el proceso de conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista, la comunicación social es considerada como una herramienta importante en cada uno de los escenarios del país, especialmente como recurso estratégico de dirección del estado, las instituciones, empresas y los medios de comunicación, al servicio de la participación ciudadana, incluido el debate público y el desarrollo del país.
Esta disciplina está reconocida como una necesidad y se comprende que no es una labor de voluntad ni empirismo, sino que se precisa de un conocimiento científico, y paralelo a ello una actitud de responsabilidad social en los momentos en que vivimos, pues la comunicación es una profesión de servicio público, de compromiso con los destinos del país y de entendimiento.
Vivimos en un mundo basado en la información y el diálogo. La política se ha ido haciendo así cada vez más dependiente de la comunicación, y también de la palabra, auténtica savia de la democracia. Hoy en la era de las nuevas tecnologías de la información, la comunicación oratoria mantiene su insoslayable valor; establecido ya en el siglo XIX desde la reflexión martiana sobre este particular, cuando afirma que la palabra hablada funde mejor a los hombres que la palabra escrita.
El lenguaje, un tanto único e irrepetible de Martí, a primera vista parece escaparse hacia lo inentendible, pero cuando nos adentramos en sus ideas y analizamos sus documentos, nos parece estar contemplando su magna figura de comunicador social. Las ideas del Apóstol quedan impregnadas como actos cotidianos de agradable cumplimiento. El orador José Martí cumplió lo que él mismo estableció: “Los oradores deben ser como los faros: visibles a muy larga distancia.” “la palabra restaura, sana, hiere y mata”.
En consecuencia, la capacidad aglutinadora y movilizadora que posee la comunicación soportada en la oratoria, aún en la era de internet, sigue siendo objeto de análisis y valoración, por parte de quienes están obligados por sus funciones sociales a relacionarse con los más disímiles públicos.
Una prueba fehaciente de ello es la proliferación de textos asociados al tema, la conformación de escuelas para el estudios de la misma, la realización de una amplia gama de eventos científicos, concursos de oratoria y debates a nivel regional e internacional y el hecho, cada vez más recurrente de incluir a la oratoria como materia de estudio en los programas curriculares y extracurriculares de diferentes niveles de enseñanza tanto en países de nuestra región como en otras áreas geográficas.
En Cuba, poseedora de una excelente tradición de comunicadores que utilizaron la oratoria para alcanzar sus fines, como bien se evidencia en textos como: “Los oradores de Cuba” publicado en 1880, con la llegada del siglo XX, disminuyen las cátedras de oratoria y posterior a 1959 la enseñanza de la misma se hace aún más exigua dentro del perfil de formación de los profesionales cubanos.
En la opinión del Dr.C. Luis Álvarez Álvarez, Premio Nacional de Literatura 2017, escritor, y profesor de la Universidad de las Artes de Camagüey, “La oratoria a pesar de ser tan antigua, en Cuba y a diferencia de otros países, no se enseña. Se carecen de programas que incluyan el estudio y entrenamiento en este arte.” En los planes de estudio, de los cursos y diplomados para administrativos están mayormente ausente estos conocimientos y sin una técnica adecuada es muy poco posible lograr efectividad comunicacional por la mediación de la oratoria.
Al respecto pueden citarse excepciones como es el caso de los estudiantes de la Carrera de Relaciones Internacionales o de Derecho en la Universidad de la Habana o de Las Tunas. Las escuelas provinciales del Partido Comunista de Cuba, devienen igualmente escenarios en los cuales con regularidad se incursiona en la enseñanza de la praxis oratoria, asociada a la actividad de cuadros y dirigentes político-administrativos.
Estos procesos, con frecuencia, se ven afectados por limitaciones en el orden bibliográfico, condicionadas por la escases de textos relacionados con este tema, la desactualización de la que poseen y la ausencia de un diagnóstico previo que permita determinar el tipo y orden de las carencias que en relación a la oratoria, como instrumento esencial para la comunicación social, tienen los directivos de la administración pública en todo el país.
Por todo ello resulta cada vez más frecuente en Cuba el hecho de que los profesionales de la administración pública, encuentren dificultades para expresarse directamente ante los sujetos con los cuales interactúan. Poseer inteligencia, conocer lo que hacen o lo pretenden lograr, ser simpático y extrovertido, es insuficiente para convencer y persuadir, sin conocimientos esenciales sobre la oratoria, lo que trae consigo errores en el proceso comunicativo del discurso como forma de la oratoria en la comunicación social, expuesto por la carencia de elocuencia, que lejos de deleitar, conmover y persuadir convierten el proceso comunicativo en una acto de inexpresividad.
Los elementos antes planteados son visibles en los directivos de la Administración Pública, en los Órganos locales del Poder Popular, tanto a nivel de Circunscripción, Consejo Popular y Asambleas Municipales del municipio Las Tunas; donde independientemente del tipo de discurso que amerite la situación en la que el administrativo se comunica con el público, la forma que predomina es la del discurso escrito. Estos son redactados con una alta carga de cifras y datos estadísticos que se emplean indiscriminadamente como sitio de legitimación de lo expuesto, carecen por lo general del componente estético y están muy distantes de poder integrar al mensaje, ya preconcebido y la riqueza que la dinámica del momento comunicacional contiene en cada una de las circunstancias en que se produce el acto tribunicio.
Conscientes que “la materia prima que más valor tiene en el mundo es la comunicación”, para los directivos constituye una premisa insoslayable comunicarse con los demás de forma inteligible, atrayente y convincente, lo cual requiere un profundo estudio de la oratoria en sentido general.

