El oxígeno de la armonía

Cuando una familia funciona adecuadamente, existe alta posibilidad de que sus miembros desempeñen bien sus roles en cualquier escenario, ya sea dentro del mismo hogar, como en las escuelas, en los centros de estudio, en la comunidad…dondequiera que se hallen.

Por lo general, cada familia tiene un proyecto de vida por realizar. En Cuba, uno de los países más seguros,  se hace factible poder lograr realizar el empeño, si las condiciones las crea la misma familia.

En el hogar es donde los infantes tienen su primera escuela. Luego, en los centros de enseñanza, se perfecciona la educación. Por eso, ante la explosión de las nuevas tecnologías y la dependencia del hombre hacia ellas, se impone el reto de no evadir las necesidades de afecto de cada miembro en el hogar, de apelar más al diálogo y la comunicación cara a cara entre todos.

Cada día quedan más lejos las charlas de sobremesa, llevar  a los niños a los parques de diversiones, a una función de teatro, leerle un libro para dormir, hacerles historias de sus antepasados y tomar espacio para explicarles por qué es tan importante tener buenos modales.

No echemos todas las culpas a la esclavitud del celular y a las distracciones que proporcionan los audiovisuales que no nos llegan por la pantalla nacional. Conocer del peligro que conlleva alejarnos cada vez más del afecto y las necesidades de los hijos, es el primer paso para darnos cuenta que la relación con nuestros seres queridos pende de un hilo muy fino.

Lograr hacer una familia que fructifique bajo principios éticos y de amor es el anhelo de muchas personas hoy, aunque la dinámica del día quiera alejarla  del oxígeno que brinda la fraternidad.

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Damaris Zamora Escanell

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