Un segundo más

Nuestro querido planeta Tierra posee varios movimientos giratorios referenciados con el Sol, los cuales se nombran: rotación, traslación, precesión, nutación y bamboleo de Chandler. Estos movimientos generan un año calendario con una duración de 365 días y 6 horas.

 El calendario gregoriano agregó cada cuatro años un día más al segundo mes del año, para corregir las diferencias que se generan al paso del tiempo y evitar así que las fechas cronológicas y astronómicas dejen de coincidir.

El año recién terminado 2016 no fue ajeno a esto pues, como es tradición, se le agregó un día más. Sin embargo, la peculiaridad consistió en que se le sumó un segundo más justo en el conteo regresivo de la culminación del año.

Según los astrónomos en declaraciones hechas a la BBC de Londres, fue necesario que el 31 de diciembre tuviera un total de 86401 segundos y así se compensarían los desajustes que genera el movimiento de la Tierra sobre si misma. Además, sirvió para sincronizar las imprecisiones que existen entre los relojes atómicos y la velocidad de la rotación del planeta.

Los días en la Tierra según los cálculos se han ido ralentizando a lo largo de los siglos por la marcada influencia de la Luna en la rotación terrestre. Por ende, los relojes atómicos requerían de estos ajustes.

En París, Francia, se encuentra el observatorio que se ocupa de monitorear la rotación de la Tierra el cual anticipa el cambio a efectuar no siendo esta la única vez que ocurre.  Con anterioridad se ha realizado en 27 oportunidades y la primera fue realizada en 1972, al percatarse de la existencia de una discrepancia de 10 segundos. Esta corrección del tiempo suele suceder cada dos o tres años terrestres.

Por Gianny Peña Apiaureloj atómico

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