¿Por qué se bautizó al equipo tunero como leñadores?

Desde su nacimiento, el béisbol ha sido un deporte de cuatro pasos, desde la primera almohadilla hasta el home, corridas en ese orden. Si es así, los Leñadores de Las Tunas se situaron este miércoles en tercera base, a solo 90 pies de distancia de la victoria final.

Antes de que llegue ese momento, el de la coronación de un equipo que nunca había ganado, no resultaría ocioso repasar brevemente su historia a través de las Series Nacionales, con generaciones que mucho tuvieron que ver en el desempeño de la actual, incluso, antes de 1959.

Nadie lo recuerda… pero llegó a Grandes Ligas. El receptor Orlando «Ollie» McFarlane pasó por los Piratas de Pittsburg y después estuvo con los Tigres de Detroit y los Angelinos de California durante el final de la década de los 50 y principios de los 60, junto a otro muy destacado, el lanzador derecho Orlando Peña, igualmente jugando en la gran carpa. Todos nacieron en territorios de la actual provincia de Las Tunas.

Después, ya inmersos en la Serie Nacional, Las Tunas ha tenido hombres de notables desempeños, muchos de ellos miembros de equipos Cuba. Recuerdo a su primera estrella del box, Félix Núñez, cuya marca de 130 victorias y 156 derrotas fue debido a los pobres equipos con los cuales jugó, de ser hoy hubiera llegado a los 200 triunfos. Del mismo modo son memorables el brazo de hierro de José Miguel Báez y el supersónico Juan Carlos Pérez.

A la ofensiva dos bateadores ilustran la calidad de la generación anterior, el inicialista Joan Carlos Pedroso y sus 300 cuadrangulares, y el jardinero y designado Osmani Urrutia, único con cuatro títulos de bateo por encima de los 400 de promedio. Junto a ellos sobresalió también Ermidelio Urrutia, campeón de bateo en el Mundial de Nicaragua, en 1994, con promedio superior a 600.

Pudiéramos preguntarnos quién los bautizó como Leñadores. Confieso que fui yo. No recuerdo exactamente la fecha, pero sí que por aquel entonces los llamaban «esgrimistas», con una mascota en el terreno representada por un joven con una espada en la mano.

En honor a la verdad, para mí ninguno de los corpulentos peloteros tuneros tenían pinta de esgrimistas. Y en una ocasión, frente a la máquina de escribir, comencé a redactar: «los esgrimistas tuneros…», y me detuve. Fue en ese momento cuando pensé que, por su corpulencia, parecían estibadores o leñadores y me decidí por el segundo nombre. Lo demás pertenece a la historia. El calificativo pegó hasta el día de hoy.

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Tomado de Granma

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