Un sabio de la ciencia cubana

Este 20 de agosto se cumplen 103 años del fallecimiento del doctor  Carlos J. Finlay Barrés. Una figura que es preciso recordar por la significación de su obra para la ciencia y en especial para los cubanos.

Este hombre que fue capaz de probar en su propia familia, la vacuna inventada por él, contra el agente transmisor de la fiebre amarilla. A pesar de los intentos de científicos franceses y norteamericanos para que se le concediera el Premio Nobel, el sabio cubano solo llevó a su tumba el merecido homenaje de su patria, y de varias instituciones extranjeras que reconocieron el valioso aporte de Finlay.

El dedicó toda su vida a dar solución a los grandes problemas del cuadro epidemiológico de nuestro país en su época y llegó a convertirse en un verdadero símbolo de la medicina cubana.

Este científico nació el 3 de diciembre de 1833  y provenía de una familia extranjera, sin arraigo en nuestro país. Su padre fue el doctor Edward Finlay y Wilson, médico inglés, natural de la Ciudad de Hull, condado de Yorkshire y su madre, Marie de Barrés de Molard Tardy de Montravel, de origen francés, natural de la isla de Trinidad.No obstante, el doctor Finlay, siempre se sintió muy cubano.

Parte de la instrucción primaria la realizó en Francia y Alemania, la enseñanza secundaria en el Liceo de Rouen, Francia y la carrera de medicina en el Jefferson Medical College de Philadelphia, Estados Unidos de Norteamérica; pero es  en Cuba  que se forma como investigador y donde realizó toda su obra científica.

Los resultados de sus investigaciones aportaron descubrimientos de la importancia de la teoría metaxénica del contagio de enfermedades, el agente transmisor de la fiebre amarilla y las medidas epidemiológicas para la erradicación de la propia enfermedad.

Por estos descubrimientos fue propuesto para el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Además de su estudio sobre la confirmación de la transmisión hídrica del cólera, fueron presentados ante las dos más importantes instituciones científicas del país, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y se publicaron en las principales revistas médicas cubanas de la época.

Muchos de sus artículos aparecieron también en importantes revistas de Europa y Norteamérica. Lo más esencial de sus hallazgos fue presentado en eventos internacionales tan importantes como: la V Conferencia Sanitaria Internacional, Washington en 1881; el Congreso de Climatología, Chicago en 1893; el Congreso Sanitario Internacional, La Habana en 1902; la Conferencia de las Juntas de Sanidad de los Estados y de las Provincias de la América del Norte.

El doctor Finlay llegó a ocupar los más destacados cargos de la salud pública cubana de su época: Director Nacional de Sanidad, Presidente de la Junta Nacional de Sanidad y Jefe de la Junta Municipal de Sanidad de La Habana.

En 1907 recibió la medalla “Mary Kingsley”, la más alta condecoración de la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool, Inglaterra, indiscutiblemente la más importante institución de la infectología en aquella época en el mundo, en Cuba lo nombró Presidente de Honor de la Junta Nacional de Sanidad y Beneficencia al jubilarse en 1908.

El coronel doctor John W. Ross, jefe de sanidad de la Armada de los Estados Unidos propuso el 27 de noviembre de 1905 al doctor Finlay para el Premio  Nobel de 1906. Fue presenteado nuevamente para este reconocimiento en varias ocasiones, en 1907, 1912, 1913, 1914 y 1915. Sin embargo la muerte del sabio cubano el 20 de agosto de ese último año hizo que el doctor  francés Laveran cesara en sus propuestas y que el descubrimiento del agente intermediario de la fiebre amarilla dejara también de ser posible motivo de un premio Nobel para la Mayor de Las Antillas.

Por Yelenis Fernández García

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Yelenis Fernández García

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