Durante el periodo comprendido entre el año 2014 y el 2017, la doctora Rubisdali Oramas Macías cumplió misión internacionalista en Limeira, Sao Paulo, Brasil.
Ella nos cuenta que a su llegada a esta tierra les exigieron matricular en el curso “Especialización en Salud de la Familia”, con 440 horas teóricas y 40 prácticas. La probación del mismo les permitía continuar en la misión.
“Seguidamente, apuntó la doctora amanciera, nos entregaban el registro profesional avalado por el Ministerio de Salud brasileño. Pero la exigencia por el estudio fue permanente. Tuve la oportunidad de matricular postgrados como Zika, Abordaje clínico, Violencia de atención domiciliaria, Apoyo a pacientes con diabetes, y Diagnóstico y tratamiento del dengue, entre otras”.
Anécdotas, experiencias dulces y amargas vuelven a la memoria de esta fémina que dejó una huella en el gigante Suramericano. Otro momento que marcó su estancia allí fue la noticia del fallecimiento del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.
“Fue duro; tuvimos que hablarle fuerte, incluso a hombres. Pero lo homenajeamos al igual que los cubanos que lo hicieron a lo largo y ancho de este archipiélago digno y fiel a su legado”.

La labor fue dura, pero nada que los médicos cubanos no pudiéramos superar. Rubisdali tuvo la oportunidad de atender a personas de una zona muy pobre, conocida como los Sin tierras. Ella, con la voz entrecortada, recuerda como muchos le aseguraban que nunca antes los había visitado un médico, y la gratitud que expresaban sin apenas saber leer ni escribir.
Niños, jóvenes con inclinación a adicciones como la droga y el alcohol; adultos y adultos mayores recibieron su atención porque en ella siempre llevó el ideario martiano de que “Patria es humanidad”.
“Hoy me siento orgullosa de haber vivido esa experiencia; de dejar un pedacito de Cuba en cada rincón donde estuve; de saber que hay personas agradecidas que aún se comunican y me aseguran que extrañan a los médicos cubanos. Porque logramos transmitir conocimientos, pero sobre todo mucho amor y fraternidad; algo que allí carece”.
Brasil se quedó en Rubisdali; pero ella dejó una marca imborrable en los sectores más necesitados de un país que hoy se muestra al mundo con un futuro incierto.

