Reflexiones por el Día de la Cultura Cubana

Reflexiones por el Día de la Cultura Cubana

Fragua, forja, crisol… son vocablos que pueden describir el momento en que el pueblo bayamés el 20 de octubre de 1868, pedía al insigne compatriota Pedro Figueredo, llamado Perucho por todos, que compusiera la letra de un himno cuya música había sido creada muchos meses antes.

Sencillamente estaba naciendo el espíritu de una nación, el sentido de pertenencia a una patria, más que a un país. Comenzaba a tomar forma concreta nuestra nacionalidad y se expresaba en las ansias de poseer un canto que nos identificara como pueblo.

Ya el jueves 11 de junio de 1868, en la Iglesia Mayor de Bayamo, durante unas festividades religiosas y ante la presencia de personalidades del gobierno colonial y de un gran número de fieles de la localidad, se habían escuchado públicamente, por primera vez, las notas de este himno.

Cuando, ya iniciada la Guerra de Independencia, diez días después de que el patricio Carlos Manuel de Céspedes le diera la libertad a los esclavos comenzando así la gesta emancipadora, se conforma la letra de esta marcha y queda bien claro que se trata de un himno de combate.

Es un canto hermoso y emocionante, surgido en el fragor de la lucha contra el  la metrópoli ibérica. Conmina a defender la Patria en la contienda bélica y, si es necesario, a ofrendar la propia vida en busca de la ansiada libertad.

Se le llamó originalmente La Bayamesa, por haber sido compuesto y tocado por primera vez en Bayamo y como referencia a la ya conocida marcha La Marsellesa de la Revolución francesa. El Himno de Bayamo es, pues, el símbolo de la nación cubana.

Tras la toma de la ciudad oriental se popularizó rápidamente por todo el país este himno patriótico. Desde ese momento el pueblo cubano lo tomó como su llamado a la lucha en busca de la soberanía y a partir de entonces se enarboló como síntesis de la voluntad permanente de la nación por mantener su independencia a cualquier costo.

Más de cien años han transcurrido y la fecha se erigió, con justeza como Día de la Cultura Cubana. El himno nos marca,  cual sello de identidad, y lo expresado en él se refleja en cada expresión artística que surge de las entrañas de la nación.

Ya sea en la música, la pintura, el baile, las artes escénicas… en fin, en cada manifestación cultural se descubren los rasgos de la cubanidad. Las características culturales que nos distinguen ante el mundo llevan implícitas la energía, la pasión irrefrenable por el suelo que nos ha visto nacer y así se aprecia en los ritmos y colores, en los versos y matices que surgen del talento de los cubanos.

Es por ello que en cada 20 de octubre, Día de la Cultura nacional, se impone la evocación que honra al inmortal Perucho Figueredo y a los hombres y mujeres que lo invitaban a que, desde su cabalgadura, escribiera la letra del canto necesario, él único que todos en ese instante querían entonar. El mismo que hoy seguimos cantando con el corazón apretado cuando decimos “… no temáis una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir”.

Por Anybis Labarta García

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