Pienso, luego… ¿existo?

Una muchacha, de esas que son hermosas en alma y cuerpo, me ha comentado mientras discutíamos preferencias de música y cine que está disfrutando de una serie nueva que compró en el paquete.

Mi asombro vino cuando ella no pudo explicarme qué era lo que más le gustaba del audiovisual, pues apenas si recordaba algo de la trama o los personajes que, supuestamente, la tenían fascinada.

Ante mi curiosidad su respuesta fue: “Mijo yo veo la serie para desconectar y no pensar tanto, y ahora tú quieres que me ponga a analizar cada cosa que pasa o dicen”.

Hay días en que las personas ponen a prueba mi capacidad de asombro, este tenía todas las señas de ser uno de ellos.

Mi primera reacción fue cuestionar su idea de entretenimiento o según sus propias palabras de “desconectar”.

Siempre recuerdo con una mezcla de alegría y nostalgia mis tiempos universitarios. Con los años, las clases de filosofía que en aquel tiempo me parecían tan pesadas, han probado su pertinencia y valía al asumir más de un reto profesional y sobre todo, en lo referido al aspecto ético del ejercicio periodístico.

Recuerdo especialmente aquella sentencia del francés René Descartes: Cogito ergo sum que, traducida literalmente como: Pienso, luego existo invita a realizar un análisis del alcance de los medios de comunicación desde la sociología, muy pertinente sobre todo en las nuevas generaciones.

Aunque ciertamente hay productos culturales que requerirían de un gran esfuerzo para sacarles algún provecho, me refiero a algunas “perlas” del género reguetón, no creo que la apreciación del arte o la cultura puedan estar desligados del raciocinio.

Queramos a no, el consumo cultural nos pone en una posición de aceptación o rechazo frente a cualquier producto y eso implica un tipo de procesamiento mental aunque sea al nivel del subconsciente.

Otro aspecto sería cuestionar la validez del consumo separado de un ejercicio consciente y crítico de lo que nos presentan la prensa, la radio, la TV y los demás medios de comunicación.

¿Es realmente lúdico el placer que nos lleva a la abstracción sin razonamiento?¿ Sería válido disfrutar de una película o pieza musical, solo por el mero hecho de “desconectar” del tedio y el estress cotidiano?

En fin, al cabo de algunos años sigo apostando por la comprensión y el conocimiento consciente de cuanto me rodea, y continúo pensando que como aquella canción del grupo Buena Fé… Vivir como los árboles, creo que no es vivir.

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Yoe Hernández González

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