Pelota cubana: cultura e identidad

Me permito compartir un tema que, en los últimos días, ha desatado la euforia del pueblo de Las Tunas y casi toda Cuba. Me refiero a la 58 Serie Nacional de Béisbol, que nos ha dejado el buen sabor de tener en casa a los Campeones –¡en mayúsculas, porque así fue el triunfo! – de la pelota cubana.

La noticia condujo, en masas, a tuneros y tuneras a las calles. Fue una convocatoria personal, que devino en breve en colectividad, donde miles se encontraron… espontánea, gigante, nacida desde el corazón de cada uno de los que esperamos en las arterias principales de esta ciudad oriental, por horas, para el merecido recibimiento a nuestro equipo: los Leñadores.

Y es justo en este punto en el que me quiero detener. La recién concluida serie de la pelota cubana no sólo ha demostrado ser el mayor acontecimiento social vivido en los estos tiempos. Se afianza, más allá de los conceptos deportivos, como una expresión de identidad. La pelota, a juzgar por muchos, es también típica cubanía.

Lo demostraron las gradas; lo demostraron esos espectáculos que exigían concentración, perspicacia, decisión oportuna en el terreno. Digamos que la gente se vuelve más auténtica a la hora de defender sus preferencias deportivas, si de béisbol se trata.

La pelota, definitivamente, es cultura e intercambio social. En el “careo deportivo” hasta las malas palabras, no las encontramos tan malas.

Extrañaremos los días en que todos vivimos con pasión la 58 Serie Nacional de Béisbol. Y desde ahora apostamos –para la próxima temporada- por la corona del Campeón de Cuba: ¡nuestros Leñadores!

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