La oratoria una herramienta indispensable en la praxis social

En Cuba, la oratoria siempre tuvo un significativo desarrollo. Desde el propio siglo XVIII se realizan en la Isla, colonia de España, en aquel momento, debates políticos de forma pública, como eslabón inicial en el proceso de desarrollo del pensamiento revolucionario de los criollos.
Es importante destacar que para el siglo XIX, el contexto histórico social cambió como resultado de las luchas independentistas del continente americano, por tanto, el discurso político se tornó un arma eficaz para sumar simpatizantes a la causa revolucionaria. Mientras más elocuente fuera el orador, mejor prendían las ideas en los oyentes, generalmente personas analfabetas o semianalfabetas, que sólo mediante el uso oral de la palabra podían llegar a conocer lo que acontecía.
Así trascienden algunos intelectuales de la época, pero resalta José Martí, erudito de gran talento, amplia cultura y dominio de la lengua, entregado desde finales de la década del ochenta de la centuria decimonónica a la organización de la llamada Guerra Necesaria. El hizo de este género arma poderosísima para la causa, así lo evidencia una frase suya: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”.
La vigencia del ideario martiano y su necesaria consulta para enfrentar los retos de la actualidad política, están vigentes en los objetivos de las líneas directrices del Cuarto Foro Internacional de Oratoria que auspicia la Universidad de Las Tunas, cada dos años y que concluye este sábado con un digno homenaje al Apóstol.
Entre las ponencias del evento resaltan la de Luisa Marina Varea Alarcón que explica las características de este orador y la relevancia de esa técnica en el pensamiento humanista del Héroe Nacional de Cuba.
Ella expuso que sus inicios en la oratoria fueron bien tempranos, cuando, el 4 de marzo de 1870, frente a un tribunal español que trataba de esclarecer quién había sido el redactor principal de la carta condenatoria a Carlos de Castro, si José Martí o Fermín Valdés Domínguez, Martí asumió totalmente la responsabilidad del hecho, siendo esta su primera victoria como orador.
“A los 24 años de edad, siendo profesor de literatura en la Escuela Normal de Guatemala, participa en un encuentro organizado por el director del colegio para el intercambio de los alumnos con distintas personalidades de la vida intelectual del país. Específicamente el Apóstol al hacer uso de la palabra, para comentar el libro del poeta guatemalteco Francisco Lainfiesta cautivó al auditorio reunido ese día”.
A partir de este momento, por el vigor de sus palabras, por el tono y los matices que le imprimía a su voz, por la exquisitez de su vocabulario así como la empatía que lograba establecer con el público, su palabra comenzó a ser solicitada en múltiples ocasiones, convirtiéndose en maestro de esta arte.
Su verbo conquistó todo tipo de público: aristócratas, diplomáticos, cubanos de la alta burguesía, tabaqueros, campesinos. A la par que crecía su fama como escritor, poeta y periodista, lo hacía también como orador. En sus discursos nunca dejó de reflejar, ya sea mediante sutilezas o directamente, su manera de sentir y pensar con respecto a la necesidad de que Cuba se independizara de España.
El Héroe Nacional Cubano se caracteriza por su vehemencia en la oratoria. En este sentido era muy popular, hasta despertar la idolatría, siendo de un estilo elevado, esencial y profundamente literario. Su palabra vibraba hasta en el timbre de su voz; según los que lo oían habitualmente, pocos oradores han dado a su palabra el tono, el calor y la fuerza que imprimía Martí a sus discursos.
Era improvisador, y su memoria nunca le fue infiel, aun cuando escalaba la tribuna sin más preparación que la fatiga abrumadora de la cotidiana faena, sus palabras apelaban a la pura labor mental.
Desde el primer foro de oratoria efectuado en la provincia varios han sido los profesionales que se refieren a este tema, por ser Martí ejemplo entre los oradores latinoamericanos. En esta cuarta edición el Licenciado Gonzalo Suárez, Director general de la Escuela Latinoamericana de Oradores insistió en ”la necesidad de que permanezca viva la oratoria, porque es un medio de comunicación muy importante, porque debemos aprender a dialogar, a saber en qué sociedad estamos viviendo y convencerlas con nuestros criterios bien fundamentados de nuestras ideas”.
Sin duda alguna el Club de Oratoria de la Universidad de Las Tunas, contribuye con este intercambio de profesionales y la competencia de oradores a generalizar las experiencias a otros centros de altos estudios del país y a Latinoamérica, al ser la oratoria una herramienta indispensable en la praxis social.
Por Yelenis Fernández García

(Visited 17 times, 1 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *