La flor más autóctona de la Revolución

Vívido reflejo del pueblo fue, es y será Celia Sánchez Manduley. El amor a los más humildes lo heredó de su padre médico, quien ejerció en localidades tan intrincadas de la actual provincia de Granma como Media Luna y Pilón.

Acaso fue un presagio el nombre con el cual bautizaron a la niña que luego sería la mujer guerrillera, Celia Esther de los Desamparados. Su nombre completo pudiera devenir profecía o augurio de una existencia dedicada a luchar por redimir a los más desposeídos de su tierra.

La flor más autóctona de la Revolución
La flor más autóctona de la Revolución

La manera ideal de materializar esa batalla fue sumarse a la guerra emprendida por los rebeldes y su figura delicada no permitía imaginar el temple de gigante que albergaba esta mujer.

No en vano Celia ha sido llamada la flor más autóctona de la Revolución Cubana. Ella resume en su ser la voluntad de nuestras mujeres cuando de empeñarse en alcanzar la libertad patria se trata.

Con dotes de organizadora por excelencia durante la epopeya en aras de derrocar la dictadura, esta fémina brilló con luz propia. Tanto en la sierra como en el llano, resultó una de las personas más valiosas para Fidel en la concepción de cada estrategia.

Tras el triunfo de enero de 1959, muchas tareas llevaron su impronta, en especial las que demandaban una sensibilidad sin límites. Celia nos dijo adiós físicamente en 1980, pero su presencia permanece indeleble, cual fragancia de mariposa, flotando entre nosotros.

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