Desde su surgimiento como deporte, la pelota se ha convertido en uno de los principales baluartes de los cubanos. El béisbol estuvo presente durante el proceso de conformación de la nacionalidad cubana y por ello más que una disciplina deportiva, constituye hoy parte fundamental de nuestra idiosincrasia y cultura.
La historia del béisbol está íntimamente ligada a los escenarios donde se desarrollaban los partidos, esos espacios públicos devenidos verdaderos campos de batalla para la exhibición de monumentales batazos y jugadas que hoy son también patrimonio de nuestro pueblo.
Los antecedentes de los estadios béisbol se sitúan en los finales del siglo XIX, iniciando la tradición por el célebre Palmar del Junco de la capital matancera, sede del primer juego de pelota registrado oficialmente en Cuba allá por lejano 27 de diciembre de 1874.
En Las Tunas el más popular fue conocido como la Glorieta de San Carlos, un terreno convertido en estadio en la década del 20 del pasado siglo, gracias al norteamericano Charles Milligan quien donó parte de su finca “La Concordia” ubicada donde hoy radica la tienda La Blanquita, en el reparto de Buenavista.
También fueron muy populares los terrenos de Domínguez y el estadio municipal, más conocido como Chicho Velázquez, que surgió gracias a una colecta pública realizada por el entonces alcalde de esta comarca para dotar al territorio de un terreno donde se jugaran los partidos oficiales de la Liga de Oriente.
Después del triunfo de la Revolución y la creación del Instituto de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) el estadio municipal se convertiría en el “Julio Antonio Mella”, que junto con la Sala Polivalente “Leonardo Mackenzie Grant”, constituyen las principales instalaciones deportivas de la provincia.
Desde el año 1977 el “Mella” es el cuartel general de los Leñadores, equipo de béisbol que representa a Las Tunas, y sus instalaciones acogen además a atletas, entrenadores y practicantes de diversas manifestaciones deportivas.
Según el periodista y decano de la narración deportiva en Las Tunas, Juan Emilio Batista Cruz, en la década de los 90’s se decidió realizar una serie de trabajos para ampliar las capacidades del Mella y posibilitar una mayor asistencia de público.
Sin embargo, debido a un mal diseño de la obra donde no se tuvo en cuenta el proyecto original, se construyeron las gradas que están ubicadas en el banco de los Visitadores exactamente sobre el sistema de desagüe que tenía el parque, inutilizando su funcionamiento.
Como resultado el Mella perdió el sistema de drenaje que garantizaba la evacuación de las aguas en caso de fuertes lluvias, con la consecuente afectación a la zona de juego y demora en la reanudación de los partidos.
Hoy los errores constructivos, de diseño y los años de explotación intensiva sin haber recibido inversiones o acciones directas de rehabilitación, han provocado que el Mella sufra ciertas limitaciones para acoger eventos de gran magnitud como la recién concluida 57 Serie Nacional de Béisbol.
El béisbol en la provincia de Las Tunas ha dado importantes saltos en su desarrollo hasta alcanzar el subcampeonato que constituye su mejor actuación. Los Leñadores y el pueblo de Las Tunas merecen y reclaman mejores condiciones para que nuestro pasatiempo nacional continúe despertando aquí la pasión de todos.

