¿Huellas de colisión de asteroide en Cuba?

Desde finales de la década de los 90 del pasado siglo, numerosos especialistas desarrollan una línea investigativa centrada en la búsqueda de evidencias en Cuba del choque de un asteroide, ocurrido en la actual península de Yucatán hace alrededor de 66,04 millones de años.

Desde finales de la década de los 90 del pasado siglo, especialistas del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba, el Instituto de Geología y Paleontología y de la Universidad de Tokio comenzaron a desarrollar una línea investigativa centrada en la búsqueda de posibles evidencias en el archipiélago cubano del choque de un asteroide, ocurrido en la actual península de Yucatán hace alrededor de 66,04 millones de años.

El enorme boquete dejado por aquel impacto denominado cráter de Chicxulub, nombre en lengua maya del pequeño poblado situado en sus inmediaciones, yace enterrado a una profundidad de unos tres kilómetros y su hallazgo fue confirmado mediante el empleo de imágenes satelitales, y las investigaciones sísmicas y gravimétricas, entre otros procedimientos aplicados.

Como refiere el doctor en Ciencias Reinaldo Rojas Consuegra, geólogo-paleontólogo y uno de los expertos nacionales que más tiempo ha trabajado el tema, con el apoyo de avanzadas tecnologías de laboratorio aportadas por los japoneses a lo largo de más de 15 años de expediciones conjuntas, se logró recopilar una abundante y valiosa información sobre el asunto, cuyo riguroso análisis permitió plantear que nuestro país contiene las más completas formaciones de rocas asociadas al impacto de aquel cuerpo sideral.

Así, en el transcurso de los últimos tres lustros, pudo documentarse la existencia de series rocosas desconocidas o poco entendidas, que comprenden, por ejemplo, depósitos de sedimentos marinos inducidos por la ocurrencia de sismos y tsunamis, además de verificar la caída de cuarzo y otras elementos procedentes de la atmósfera terrestre.

Pero el hallazgo más notable consiste en la ubicación de numerosas rocas afloradas del límite Cretácico-Paleógeno (data de alrededor de 65 millones de años) en diversas localidades del territorio nacional, con espesores mayores a los observados en otras naciones de la región del Caribe y una abundancia más frecuente que en ninguno de esos países vecinos.

Muestra de ello son las encontradas en las formaciones de Moncada (Pinar del Río), Cacarajícara (Pinar y Artemisa), Peñalver (Artemisa, La Habana, Mayabeque y Matanzas), Santa Clara (Villa Clara), Fomento (Sancti Spíritus)  y Micara (Holguín).

Otras evidencias comprobadas del choque del cuerpo cósmico en el subsuelo cubano son el alto contenido de iridio presente en capas sedimentarias, material escaso en las rocas terrestres, pero muy abundante en los meteoritos y otros objetos cósmicos.

Resulta interesante apuntar que la detectada en el entorno del poblado pinareño de Moncada posee uno de los valores más elevados de iridio de todo el hemisferio occidental.

Igualmente, la secuencia de rocas de Cacarajícara es probablemente la de mayor espesor aflorado del mundo (más de 800 metros), con valores paisajísticos únicos.

De manera peculiar, la de Santa Clara, en Loma de Capiro, resalta por su conservación y la excelente preservación de los microfósiles.

Tomando en cuenta las características específicas de los depósitos rocosos del límite Cretácico-Paleógeno en Cuba, que son únicos o raros para la ciencia, buena parte de estos sitios adquieren valor patrimonial  excepcional para la investigación, la enseñanza y el turismo de naturaleza, de ahí la necesidad de protegerlos de las amenazas derivadas de la actividad minera, el relleno de canteras abandonadas con materiales contaminantes del manto freático, y del propio desconocimiento de la riqueza geológica y paleontológica que contienen.

Más allá de lo expresado, los científicos cubanos estudian también las consecuencias del impacto del asteroide sobre la biodiversidad del pasado, a través del análisis de los macro y microfósiles, y cómo tuvo lugar la recuperación ambiental posterior al célebre suceso.

– El enorme cuerpo extraterrestre que colisionó con la Tierra hace alrededor de 66 millones de años tuvo un diámetro superior a los cien kilómetros.

– Como resultado de aquel impacto se desencadenaron diferentes eventos ambientales de gran magnitud, los cuales modificaron para siempre la vida de nuestro planeta al ocurrir la extinción en masa de numerosos organismos marinos y terrestres, entre ellos los dinosaurios y los reptiles marinos gigantes.

– La colisión generó un golpe de aire caliente que se extendió a 2 000 kilómetros a la redonda, así como una enorme bola de fuego causante de devastadores incendios en los bosques del orbe, sismos de diez grados y superiores, derrumbes de las márgenes continentales, olas de hasta 300 metros de altura y la contaminación de las aguas y el aire.

– Ocurrieron de igual manera importantes modificaciones de la temperatura global en pocas décadas, primero un calentamiento súbito, seguido por un largo periodo frío, y una posterior recuperación lenta hacia un clima cálido.

Fuente: Libro Geología de Cuba Para Todos, Colectivo de autores, Editor científico doctor Manuel Iturralde Vinent, Académico de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba.

Por:

Tomado de Granma

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