En Cacequi, Brasil: La doctora negra que se ganó el cariño de los blancos

Testimonio de una profesional cubana de la salud que ha dejado un halo de tristeza en sus pacientes ricos, pobres y de mediana clase social.

En la sala de recibimiento del Aeropuerto Internacional José Martí, la alegría contagiosa de la doctora Nordalis Salas Ramírez descubre sus orígenes de santiaguera nata. Ella está feliz por el regreso, por el abrazo tan esperado de sus tres hijos y dos nietos, pero cuando le pregunto por lo que ha dejado atrás, la fortaleza de esta mujer —que siente orgullo de ser cubana— se desploma totalmente.

Oriunda del distrito José Martí, en la oriental provincia de Santiago de Cuba, Nordalis se pone sentimental al recordar a sus pacientes, y lo vivido durante dos años y ocho meses en el municipio de Cacequi, en el estado de Río Grande del Sur, un lugar habitado de manera mayoritaria por personas de piel blanca.

“Y yo negra, ¡imagínese usted cómo fue aquello! Al principio no fue fácil, tuve que adaptarme a todo, al lenguaje, y lograr que la  población me aceptara, pues allí son un poco racistas”.

¿Y lo logró?

“¡Claro!, con trabajo, con persuasión, demostrando que estaba preparada, que tenía conocimientos. Eso fue, precisamente, lo que a ellos más les impactó. Luego yo me veía y no me conocía, una negra atendiendo a personas blancas. Fue duro para ellos”.

¿Estamos hablando de clase pobre o media?

“Allí había varias clases sociales, yo atendía lo mismo a ricos que a pobres, no había diferencias. Con el transcurso del tiempo la población me aceptó, al punto de que no querían que me fuera. Yo les dije que tenía que regresar a Cuba, a mi tierra, donde está mi familia”.

Usted ya me contó que estuvo trabajando más de siete años en Venezuela. ¿Ahora qué le deja Brasil?

“Mucho, porque aprendí otro idioma, otra cultura, a convivir con personas de diferentes raíces y procedencias. Aprendí el valor de la sabiduría; si sabes eres reina, sino te quedas atrás y te eliminan. Allí vi mucha competencia entre los médicos cubanos y los brasileños. Con estos últimos la población no quería atenderse, pues no trataban bien a los pacientes y no indicaban los tratamientos correctos.

“Nuestros galenos demostraron capacidad, profesionalidad. Yo tuve un caso de un joven de 26 años que tenía un dolor abdominal, y los médicos brasileños le decían que se trataba de una gastritis, otros afirmaban que era una úlcera. Cuando llegó a mi puesto de salud le diagnostiqué una apendicitis perforada y lo remití al hospital. Al final estuvo durante una semana en terapia intensiva, pero se salvó. Después me mostró su enorme agradecimiento.

“Puedo decirle que me lloraron hasta el pasado día 8 de diciembre cuando salí de Cacequi. Los pacientes me decían `la doctora cubana, la mejor`. Entonces, ¿cómo olvidar lo vivido y lo que hicimos por tanta gente necesitada?”.

Escrito por Alina M. Lotti/Tomado de Cuba Sí

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