Consulta popular para corregir el tiro

Desde el pasado 13 de agosto en todo el país se realizan las asambleas de debate popular para discutir el proyecto de reforma constitucional. En la provincia de Las Tunas se han celebrado ya varias de estas consultas en centros laborales, cooperativas y asociaciones campesinas y varios consejos populares.

Haber participado en varias de estas asambleas brinda la posibilidad de hacer algunas acotaciones sobre el alcance de este proceso que aspira a nutrirse de las opiniones de los cubanos sin distinción de raza, edad, sexo o credo, para dotar a la nación de una nueva carta magna.

Lo primero que salta a la vista es la condición imprescindible de la preparación previa que debe caracterizar a estas consultas. Es importante recalcar la importancia del estudio del documento del cual se vendieron más de un millón de ejemplares con el fin de hacer asequible su contenido y promover un debate consciente del mismo.

La otra parte quizá no tan evidente pero igual de substancial, se refiere no solo al lugar escogido para la discusión, con buena iluminación y acústica como condiciones indispensables, sino sobre todo a la hora seleccionada para la consulta que en ocasiones choca con responsabilidades laborales o tareas hogareñas impostergables.

Reprogramar mejor los horarios posibilitaría que los análisis fluyan sin apresuramientos y permitirá profundizar en los temas más polémicos.

En nuestro país existe mucha cultura del debate y los cubanos discutimos con pasión lo mismo de la pelota que de política internacional. Pero debemos recordar que este proceso es el paso previo para adoptar una Constitución moderna, funcional y a tono con las transformaciones que hoy queremos y debemos hacer a nuestra sociedad y que luego deberá ser refrendada a través del voto por todos los cubanos con capacidad para hacerlo según la ley electoral.

Por ello exponer criterios y argumentos a favor o en contra de cualquiera de los artículos del proyecto es un derecho que debemos estimular, si queremos ser realmente inclusivos, pero el respeto y la civilidad deben acompañar cada intervención a fin de lograr un consenso que incluya sino a todas, al menos la mayoría de las voces en pos de un mejor ejercicio de nuestro deber ciudadano y compromiso con el fortalecimiento de nuestro sistema social y político.

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Yoe Hernández González

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