Con los nuevos tiempos, la era de Internet, del apogeo de la ciencia y la tecnología, del auge de las redes sociales, pareciera que el amor va perdiendo su aliento, que Cupido se ha quedado sin flechas, que vaga alicaído por los senderos de la angustia, de la desesperación.
Algunos se crean barreras para evitar que su corazón de albergue a un sentimiento tan especial porque prefieren la promiscuidad o los “beneficios” de las denominadas “parejas abiertas”.
En ocasiones me alarmo cuando un joven expresa que nunca se ha enamorado, que prefiere no hacerlo, que entregarse a alguien en cuerpo y alma es un error.
Pero por suerte llegan días como el 14 de febrero, y cuando salimos a las calles nos percatamos que existen amores de todas las edades, que muchos seres humanos aprovechan el pretexto inspirado en la historia de San Valentín para no dejar morir las maripositas que se sienten en el estómago, el sano orgullo de poseer alguien a quien querer, la maravilla de tener a nuestro lado una persona que disfrute nuestros logros, que apoye nuestros fracasos, que sonría por nuestro bienestar.
Y es que el amor todo lo puede y soporta, si no sus esencias no están completas. Es cierto que muchas veces nos da dolor infinito, se opaca con la traición, nos colma de desesperanza; pero no podemos renunciar a él porque cuando toca a la puerta, una vez más, se convierte en inspiración y guía, en faro, en luz, en alegría.
Quien aparta al sentimiento universal de su lado no triunfa en la cotidianidad y será por siempre alguien vacío, que vive pero no respira. Por eso apostar por el amor se convierte siempre en el camino ideal para llegar a cumplir nuestras metas, nuestros sueños.
Por Gianny López Brito

