El 95 y su repercusión en la soberanía cubana

La guerra iniciada por Martí, Gómez y Maceo en 1895  constituyó un ejemplo como  estrategia político-militar  en aras de lograr la soberanía de la Mayor de las Antillas.

Resalta el proceso de unificación que realizó el apóstol entre los cubanos,  previo al estallido del 24 de febrero. Demostró la capacidad de sacrificio del pueblo que soportó sus rigores y se sobrepuso a ellos.

Una mirada retrospectiva hacia el reinició en Cuba de  la lucha contra el colonialismo español debemos referir que fue una guerra necesaria para la isla caribeña cuya victoria fue arrebatada por la intervención de Estados Unidos.

Y es que el ambiente evidentemente insurreccional no soportaba más. Cuba estaba sumergida en una crisis económica, matizada por la malversación de los presupuestos y una alta y férrea política impositiva de la corona española.

Desde  1893 José Martí, el máximo organizador de esta gesta, recorrió varios países de América y ciudades de Estados Unidos, para unir a los principales jefes de la Guerra del 68 entre ellos y con los más jóvenes, además de acopiar recursos para la nueva contienda.

El plan fue descubierto por las autoridades españolas y por consiguiente todo el material bélico y logístico acopiado fue incautado. A pesar del gran revés que ello significó, Martí decidió seguir adelante con los planes de pronunciamientos armados en la Isla.

La guerra estalló el 24 de febrero de 1895 y aunque muchos historiadores aseguran que su inicio fue en el poblado de Baire, -de ahí que siempre se le recuerde como el Grito de Baire-, otros expertos aseveran que el alzamiento ocurrió de manera simultánea en varios puntos de la geografía nacional.

Esta gesta -aunque superior en diversos aspectos a la Guerra de los Díez Años (1868-1878)- tuvo una vez más el infortunio de que se repitieran errores de ese campaña, como la falta de unidad entre los jefes militares, algo que aprovechó Estados Unidos.

También la ausencia de consenso entre los líderes de la campaña posibilitó que el país norteño encontrara una brecha para aniquilar los órganos representativos de la nación cubana; así como la pérdida de líderes político-militares aglutinadores como Antonio Maceo y José Martí, quienes perecieron en el campo de batalla.

Estados Unidos contempló por 30 años la lucha del pueblo cubano, y puso su empeño en apoderarse de la mayor de las Antillas y así lo dejó en claro cuando impidió la entrada de las tropas mambisas (insurrectas) a Santiago de Cuba y con el Tratado de París, que ponía fin a la denominada guerra hispano-cubano-americana.

Sin dudas el reinicio de la lucha por la soberanía de la nación fue una muestra de la persistencia de los cubanos por lograr la independencia y mostró el camino a seguir  y el peligro que representaba el gigante del norte para los pueblos del continente.

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Yelenis Fernández García

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