¿Ayudan los padres a estudiar a sus hijos?

Pienso que sí,  y me atrevo asegurar que la mayoría de los padres contribuyen a que sus hijos obtengan resultados en cada  una de las asignaturas. ¿A qué padre no le gusta que su pequeño llegue a la casa con una nota de Cinco puntos o un Excelente? Yo sin dudas, soy una de estas madres que velan por el buen desempeño de nuestros descendientes en la escuela.

Esa interrogante la pude confirmar recientemente en el Seminternado República de Chile de Las Tunas. Un grupo de padres de sexto grado desde que inició el curso apoyaron en todo lo relacionado a la docencia y trabajos extra clases. El seminario final de Educación Cívica fue un ejemplo de ello.

Esta jornada me puso a pensar en lo importante que es ese momento para un niño, adolescente o joven. Quizás cuando son pequeños lo hacemos más seguido, pero cuando van creciendo ellos mismos,  con su anhelada búsqueda de la independencia, imponen una barrera entre los padres y la escuela.

Muchas  familias comentan nerviosas sobre sus hijos en pruebas, la preparación que desde la casa le han proporcionado, el pago a repasadores particulares y las casas de estudio, no tan de moda últimamente. Toda ayuda es válida, si se trata de contribuir en los resultados de los educandos.

Son momentos de mucha exigencia.  Para los estudiantes largas horas de estudio, dedicación, intensas búsquedas para los seminarios integradores y trabajos finales, así como los debates familiares sobre cual opción es la más adecuada para la continuidad de estudios.

Mis padres siempre me apoyaron, de ahí  mi preocupación por los resultados de mis hijos en la escuela. Esa semilla que sembraron en mí y lo siguen haciendo con mis hijos me  impone el reto a realizar esa actividad con mucha responsabilidad. Y no es hacerles sus quehaceres  o trabajos independientes. Va desde un gesto de cariño, cuando hacen  las tareas, hasta la exigencia de realizarlas todos los días, crearles el hábito, leerles un libro y así despertar en ellos, el interés  hacia la lectura.

Llegamos diariamente y recogemos a nuestros infantes en los centros escolares, muchas veces las preocupaciones del hogar y el corre -corre de la cotidianidad impiden que preguntemos como le fue en su día, tanto al niño como a la maestra.  Al finalizar el curso entonces le peleamos si salieron mal, sin darnos cuenta que el estudio se debe cultivar para que de hermosos frutos.

Al cierre del actual calendario académico les propongo reflexionar sobre esa interrogante.  Quizás para el próximo periodo lectivo se preocupen más por trazar junto a sus hijos verdaderas metas que los incluyan a todos: familia – escuela y comunidad.

Por Yelenis Fernández García

(Visited 25 times, 1 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *