El 2018 y la arena internacional

Las guerras, las tensiones políticas, las resistencias populares, el secesionismo, y las potencias globales en ascenso resultan asuntos cada vez más interesantes y controversiales dentro del actual panorama internacional. Los conflictos en el mundo de hoy se acrecientan y en este 2018 varios son los temas a seguir en plena efervescencia.

Iniciemos por la inestabilidad de la administración Trump, donde es previsible que este año la Casa Blanca continúe marcada con el mismo estilo irracional e imprudente del mandatario norteamericano. Sin dudas, unas de las decisiones más polémicas del actual presidente, provoca sus efectos directos en la situación geopolítica de Oriente Medio y la península coreana.

Acciones puntuales como el reconocimiento estadounidense de Jerusalén como capital de Israel o la evidente injerencia en los asuntos internos de Irán, convierte a esta región en un vivo polvorín en el que podrían desencadenarse eventos de mayor magnitud este año.

Asimismo, las tensiones en la península coreana se mantienen latentes, encabezando con Estados Unidos una arremetida de sanciones políticas y económicas contra Pyongyang, que considera todas las posibilidades para mantener su soberanía, a pesar de los intentos de mediación de países como Rusia y China.

Y es que si de injerencia, poder y política se trata, entra en escena la guerra contra Venezuela. La derecha local y sus aliados internacionales buscan hacer caer a la nación bolivariana y arrastrar consigo al resto de los movimientos progresistas en América Latina y el Caribe. No es azar que los más duros ataques económicos se concentren en el gobierno de Nicolás Maduro, que tiene planeadas elecciones presidenciales también este año.

En la nación mexicana sucede algo similar. Los vientos no soplan desde hace mucho a favor de los que viven allí, la mayoría sumidos en la pobreza. En esta nación al igual que en Venezuela se efectuarán los comicios generales este 2018 en un contexto difícil. Su vecino del norte aun planea la construcción de un absurdo muro fronterizo, y está dispuesto a intervenir en los asuntos internos como ya es costumbre por total conveniencia. A ello, se suman además el amplio malestar social por la miseria, la corrupción y la violencia.

En Honduras no cesa la resistencia popular. Las calles de la nación centroamericana han sido testigos del descontento multitudinario por la aprobación del nuevo mandato del actual presidente, Juan Orlando Hernández. Por ello, la alianza de oposición llamó a iniciar este año una nueva etapa de lucha y resistencia con una huelga general para boicotear la toma de posesión de Hernández por segundo período consecutivo prevista para el próximo 27 de enero.

La realidad en Brasil también es compleja, pero quizás los cariocas vean en el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva la luz esperanzadora al final del túnel. A pesar de todos los intentos por desacreditar al líder del Partido de los Trabajadores continúa en la punta de las encuestas de cara a los comicios de este año. Y por ello no pocos albergan sus esperanzas de recuperación en el líder sindical que sacó a 20 millones de personas de la pobreza.

En el viejo continente el secesionismo y la ultraderecha ganan en terreno. Cataluña y el Brexit son solo la punta de la pirámide de los conflictos inminentes en esta región europea, donde crecen las ideas xenófobas y ultranacionalistas y se enfrenta la mayor oleada de refugiados desde la II Guerra Mundial.

El ascenso de China como potencia global es inminente. Apunta como nueva fortaleza económica, pero enfrenta la supremacía del asentado poder estadounidense en el plano militar. La ventaja, en ese sentido se la lleva Washington, que podría utilizar otros recursos para desestabilizar a Pekín y provocar conflictos limítrofes o de otra naturaleza con sus vecinos.

Un caso similar a China es el de Rusia. El progresivo protagonismo de este país en la arena internacional puede ser un agravio para los Estados Unidos, que disfrutó de un poder hegemónico por un breve periodo tras el derrumbe del campo socialista. Sin embrago, el Kremlin sabe que una posición pasiva no sería la mejor de las estrategias para garantizar sus intereses más allá de las fronteras del inmenso territorio ruso.

Por Liliana Guerra Abad

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