En septiembre de 1971 se creaba, bajo la guía emprendedora de la intelectual Eloísa de Robles, el Grupo de teatro Guiñol “Los Zahoríes” en Las Tunas.
Han transcurrido 46 calendarios, nueve lustros y un año más, de amor y entrega a los pequeños. Se aprecia que el legado de nombres fundacionales como el de Pilar y Clotilde Aguillón ha sido trasmitido a disímiles generaciones de actrices y actores que han dado su aporte al desarrollo del género escénico para los niños en el territorio.
Hoy, bajo la dirección de Emelia González, el colectivo se esfuerza por retomar los bríos de los tiempos iniciales haciendo posible que sus más jóvenes integrantes crezcan en cuanto al sentido de pertenencia hacia el Guiñol, aunque a la par formen parte de proyectos unipersonales o de un formato más reducido.
La sabia primigenia es inmensa y de ella pueden nutrirse los más noveles, aunque en la actualidad las pésimas condiciones de la sede del grupo, la Sala Raúl Gómez García, impide el montaje de obras insignes en el repertorio de “Los Zahoríes”, como La calle de los fantasmas, La loma de Mambiala, Historia de burros y otras.

Aunque sus técnicos y actores buscan la alternativa de mantener su programación en espacios abiertos, dígase plazas y parques, es menester la búsqueda de una solución rápida a fin de que no disminuya la calidad de las emblemáticas piezas del Guiñol.
Argentina Vázquez, Juan José Rodríguez, Alba Rosa Díaz, Raúl Fernández, Eladio Moruza y otros muchos patronímicos conforman la historia de este grupo.
Como toda cofradía dedicada a la creación, Los Zahoríes han vivido épocas de triunfos, sueños y fracasos, pero sobre todo se caracterizan por el afán de un renacer constante, renuente a fenecer, amén de lo adversas que puedan ser las condiciones materiales.
Hoy, al decir del especialista teatral Alberto Estrada, se impone la continuidad creadora y con el apoyo del Consejo de las artes Escénicas en Las Tunas, el Guiñol ha de convertirse en fuente de unidad e impulso artístico donde impere la calidad y siempre se palpe el empeño de salir a volar.
Por Anybis Labarta García

