Lo que más me impresionó de la visita al Museo de Playa Girón fueron los zapaticos blancos de Nemesia, una hija de carboneros que tenía el sueño de contar con un calzado de ese color. Estaban rotos en aquella urna de cristal y al observarlos, por mi mente pasaron tantas imágenes, tanto dolor al pensar en el sufrimiento de una pequeña que había perdido lo más grande: sus ilusiones. Así lo recoge el poeta Jesús Orta Ruíz, conocido como el Indio Naborí en la Elegía de los zapaticos blancos.
Nemesia tenía solo 13 años de edad, aquel 17 de abril de 1961, cuando se inició el ataque a Playa Girón por fuerzas mercenarias entrenadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Ella era de una familia muy pobre, como todas las de la Ciénaga Zapata. Las balas mercenarias de abril no solo mataron a parte de su familia, si no, que le destrozaron el sueño de sus zapaticos.
No existen razones que justifiquen el crimen perpetrado en abril de 1961 en Playa Girón, solo el odio y el deseo de aniquilar la obra que triunfó en enero de 1959 inspiró y aún seduce a algunos que sueñan con el retorno del pasado a Cuba.
Esta cubana, es símbolo de las víctimas de aquella agresión que en solo 72 horas fue derrocada por las fuerzas cubanas, su inmensidad está en haber crecido en esta isla y continuar allí como una cenaguera más y como emblema de la victoria cubana contra la invasión mercenaria de Playa Girón,

