A la eterna novia de Matanzas

La noticia colmó de tristeza el alma de cientos de cubanos y cubanas. En su domicilio, en la Atenas de Cuba, falleció esta madrugada la destacada poetisa cubana Carilda Oliver Labra, reconocida con varios reconocimientos de gran importancia como el Premio Nacional de Literatura.

Con sus versos conmovió el corazón de los enamorados. A esos, a los que creen en el amor como el más universal de los sentimientos dedicó su obra, atesorada en alrededor de cuarenta libros publicados en Cuba y el mundo.

Carilda nació el 6 de julio de 1922 en Matanzas, ciudad que amó entrañablemente y de la cual nunca quiso desprenderse. Sus poemas, de elevado lirismo, contaban con alusiones a la familia, a la casa y a los enamorados, esos que no faltaron, entre otras razones por su inteligencia, su dulzura y la hermosura de sus ojos profundos e intensos.

Fue ella quien desafió todos los peligros para hacer llegar a la Sierra Maestra su inolvidable Canto a Fidel, al hombre que desde las alturas buscaba un nuevo amanecer para Cuba, y lo logró, el primero de enero de 1959.

Su imagen delicada y dulce, y sus versos hermosos y sutiles los recordaremos siempre, en su cálida y tierna voz, en la voz de la eterna novia de Matanzas.

Me desordeno, amor, me desordeno/ cuando voy en tu boca, demorada/ y casi sin por qué, casi por nada,/ te toco con la punta de mi seno./ Te toco con la punta de mi seno/ y/ con mi soledad desamparada;/ y acaso sin estar enamorada/ me desordeno, amor, me desordeno./ Y mi suerte de fruta respetada/ arde en tu mano lúbrica y turbada/ como una mala promesa de veneno;/ y aunque quiero besarte arrodillada,/ cuando voy en tu boca, demorada,/ me desordeno, amor, me desordeno.

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Gianny López Brito

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