La estirpe mambisa de Antonio Maceo

Leer sus hazañas se volvió  una adicción, cuanto libro sobre su vida, sus acciones militares y su pensamiento, me cayeran a la mano,  los devoraba cual animal feroz. Para mi Antonio Maceo  constituye uno de los ideales a seguir,  por su talla de hombre integral que pasó a la historia como el Titán de Bronce.

En esos textos, conocí que al igual que en campo de batalla, el héroe militar cubano, alcanzó también desde joven protagonismo como conductor político de la nación cubana hacia la independencia absoluta.

En las clases de historia soñé con sus grandes batallas, como la de Peralejo. Maceo intervino en más de 600 acciones combativas, entre las que se cuentan alrededor de 200  de gran significado. Su cuerpo estaba marcado por 26 cicatrices de guerra, de las cuales recibió 21 en la contienda del 68.

Y es que el mayor general fue considerado todo un maestro en el empleo de la táctica militar. Diversos historiadores  lo consideraron un excelente jefe  y con elevado prestigio. Así lo confirman estas palabras también recogidas en la enciclopedia colaborativa ECURED  En febrero de 1878 dio respuesta contundente a quienes gestaban el Pacto del Zanjón al librar los victoriosos combates de Llanada de Juan Mulato y San Ulpiano. El 15 de marzo de 1878 se entrevistó con el general español Arsenio Martínez Campos, en Mangos de Baraguá, hecho recogido en la historia como la Protesta de Baraguá.

Como como guerrero incansable se pueden contar sus grandes proezas,  entre las que cito  la Campaña de la Invasión a Occidente (22 de octubre de 1895-22 de enero de 1896), que llevó la guerra desde el oriente del país a Mantua, Pinar del Río, en la parte occidental, uno de los objetivos sin alcanzar en las contiendas anteriores.

Es válido resaltar de esta figura del proceso de liberación en la nación  que en el primer año de la Guerra del 95 burló junto al generalísimo Máximo Gómez  a 182 mil soldados, dirigidos por  42 generales.

Sin duda alguna, la talla de gigante corría por sus venas. La estirpe mambisa fue inculcada desde la cuna por su madre Mariana Grajales, quién al conocer  el pronunciamiento independentista de Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de ese año, reunió a su numerosa familia -hijos del primer matrimonio Regueyferos Grajales y del segundo Maceo Grajales- y a todos hizo jurar: libertar la patria o morir por ella.

Un digno ejemplo del trascendental pensamiento de este líder se devela, el de 14 de julio de 1896, cuando Maceo escribió al coronel mambí Federico Pérez Carbó: “De España jamás esperé nada, siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos”.

“Tampoco espero nada de los (norte) americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin su ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso…”

El tesón y la valentía de Antonio Maceo hicieron posible que ascendiera  a fuerza de inteligencia natural y coraje, grado a grado, mientras otros comenzaron siendo generales como caudillos de la conspiración independentista. El titán de Bronce se revela por su estatura política y moral, y así lo patentiza el más importante  hecho histórico que protagonizó con la Protesta de Baraguá.

Por Yelenis Fernández García

 

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