Irma no pudo con “La holandesa”

Irma no pudo con “La holandesa”

Varias comunidades de la costa norte del país fueron duramente afectadas por el paso del huracán Irma.

La Celia fue uno de los poblados que recibió directamente los embates del meteoro en su recorrido por el norte de Ciego de Ávila.

Esta localidad, conocida por los lugareños como “La holandesa”, resalta a primera vista por su peculiar arquitectura. Sin embargo, quizá su mayor tesoro es su gente.

En su seno viven personas como Marino Alberteris Rodríguez, que constituyen parte del patrimonio local pues han sido marcados de forma especial por la historia.

Marino llegó estas tierras, procedente de la oriental provincia de Holguín, allá por el 1961. Corrían los primeros años de la Revolución y un grupo de combatientes del Ejército Rebelde habían cambiado sus fusiles por palas y picos para iniciar la obra constructora que comenzaba a renovar la geografía nacional.

Poblado de Celia visto desde el satélite.

Poblado de Celia visto desde el satélite.

“La holandesa tomó su nombre de Celia Sánchez Manduley. Por esa época la Heroína de la Sierra daba un recorrido por la zona acompañada de Fidel, y fue testigo de las dificultades y el atraso que padecía este pueblo.”

Así que Celia le propuso al Comandante en Jefe construir un poblado para los campesinos de la zona, pero que se hiciera siguiendo la estructura de las viviendas de Holanda.

“Hacia allá se enviaron un grupo de ingenieros y arquitectos y regresaron trayendo los planos para el nuevo caserío, y así nació este pueblo.”

“Realmente fue una tarea dura, pues en esta zona no existían caminos ni carreteras. Así que la mayoría de los materiales fueron traídos en barco a través de la laguna de La Leche que queda por aquí cerca.”

Marino Alberteris Rodríguez, fundador de la comunidad Celia "La holandesa".

Marino Alberteris Rodríguez, fundador de la comunidad Celia Sánchez Manduley “La holandesa”.

Marino refiere que incluso la forma de entregar las viviendas daba indicios de que en Cuba corrían nuevos tiempos.

“Recuerdo que se reunieron todas las llaves en dos vasijas dividiendo a las familias pequeñas de las más numerosas, y se le pidió a un representante de cada una que escogiera una llave, de esta forma se eliminaba cualquier sombra de favoritismo y todo el mundo quedó conforme.”

“Yo estuve acá trabajando en la construcción hasta que se terminó la última casa y se entregaron en abril del ’64. Entonces me casé y desde esa fecha estoy aquí.”

Su mirada recorre la fachada de su casa, seriamente afectada por los fuertes vientos de Irma, y recalca la buena factura y calidad de los materiales empleados en su construcción.

“Fíjate que estas casas tienen ya más de medio siglo y los postigos, travesaños y el techo son de madera y a pesar del tiempo y las inclemencias del clima, aquí no hubo derrumbes, solo los techos fueron castigados.”

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Y aunque la holandesa todavía muestra señas de la violencia con que Irma castigó su vetusta e inusual arquitectura, Marino y sus coterráneos apuestan por devolverle su antiguo esplendor.

“Ya lo que nos queda es luchar y reconstruir este pueblo otra vez. Por lo menos ponerlo como estaba, trabajar en todo los que se pueda para ponerlo tan lindo como estaba, creo que tenemos la fuerza y voluntad para eso.”

Por Yoe Hernández González

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