A 150 años de la Asamblea de Guáimaro publicamos una reseña que nos acerca a la historia de un poblado singular, del lugar donde nació el constitucionalismo en Cuba y donde se reunieron varios hombres y mujeres para ponerle fin al dominio español mediante una mejor organización de la Guerra Grande.
El 10 de febrero de 1791, en la parroquia de Guáimaro se bautizaba al niño Andrés María Millán de la Cruz. Ese día su nombre quedaba registrado en el primer libro donde “se asientan las partidas de bautismo de personas blancas y españolas”, creado por el cura de la localidad en aquellos tiempos, el fray Gregorio de Jesús Caballero.
De esta manera, este acto religioso, marcaba la fecha fundacional de la villa, un territorio que ha dejado su impronta en la historia de nuestro país y que posee un legado con casi 250 años.
Después de la fundación, en el territorio se establece en 1791 una de las 25 postas de correos que existían entre La Habana y Santiago de Cuba. También Guáimaro, a principios del siglo XIX, contaba con uno de los 41 partidos rurales de la jurisdicción de Puerto Príncipe.
Después del inicio de las luchas por la independencia, cuando las campanas de La Demajagua anunciaron un nuevo despertar para la Isla, la comarca de Guáimaro se convirtió en Cuna de la nacionalidad cubana.
En estos predios, se firmó la Primera Constitución de la República de Cuba en Armas el 10 de abril de 1869. “(…) Guáimaro libre nunca estuvo más hermosa que en los días en que iba a entrar en la gloria y en el sacrificio”.
Las sesiones del trascendental hecho estuvieron presididas por Carlos Manuel de Céspedes, con Ignacio Agramonte y Antonio Zambrana como secretarios designados.
En la mañana del día 10 los representantes acordaron dividir la isla en cuatro departamentos miliares: Oriente, Camagüey, Las Villas y Occidente, así como la redacción de una constitución, la cual fue elaborada de inmediato por Agramonte y Zambrana, y aprobada por la asamblea en horas de la tarde.
Al día siguiente se acordó adoptar como enseña nacional la bandera izada por Narciso López el 19 de mayo de 1850, en Cárdenas, y que la enarbolada por Céspedes la acompañara en las sesiones de la Cámara de Representantes, y fuera considerada como parte del tesoro de la República.
Durante la Asamblea fueron electas la Cámara de Representantes, con facultades para elegir al Presidente y al General en Jefe del ejército, y las secretarías de Hacienda, Interior, Relaciones Exteriores, y Guerra, además del Presidente de la República en Armas y el General en Jefe. Al día siguiente, los principales cargos fueron investidos y juramentados, con lo cual nacía en Cuba una República.
El 14 de abril, en una de las sesiones públicas de la Asamblea, una señora se adelantó a su tiempo y pidió la emancipación de las féminas. “(…) y en el noble tumulto, una mujer de oratoria vibrante, Ana Betancourt, anuncia que el fuego de la libertad y el ansia del martirio no calientan con más viveza el alma del hombre que la de la mujer cubana”.
Desde los días de la firma de la Constitución, en Guáimaro se asentó el matrimonio de Ignacio Mora y Ana Betancourt quienes trabajaron en la edición del periódico local El mambí, órgano oficial del gobierno de la República, el cual reflejó las acciones de las fuerzas cubanas y dio a conocer los principales acuerdos de la Constitución.
Guáimaro fue por un mes, ciudad libre y sede del Gobierno de la República en Armas hasta que el 10 de mayo de 1869, ante la inminente ocupación del pueblo por los españoles, los lugareños prefieren incendiar sus casas y verlas reducidas a cenizas antes que esclava. “(…) Con sus manos prendieron la corona de hogueras a la santa ciudad, y cuando cerró la noche, se reflejaba en el cielo el sacrificio”.
Estos son algunos de los hechos que llenan de orgullo a los que habitamos esta comarca. Allí el campesino se levanta con el primer bostezo mañanero para que el sudor de su frente haga brotar la simiente del porvenir.
En el mismo corazón de la ciudad, un monumento recoge en su base tierra de diferentes sitios históricos del país, simbolizando la unidad de su gente sencilla, honesta y gentil. Los guaimareños también rendimos tributo eterno a Ana Betancourt, cuyos restos descansan para siempre en un mausoleo donde un panal de abejas envuelve hace varios años su imagen de bronce como símbolo de la dulzura de la mujer cubana.
Guáimaro late con fuerza este 10 de abril, al despertar mucho más hermoso y renovado. En esta tierra de mujeres hermosas y hombres que entre el canto del gallo madrugador y las últimas luces del atardecer labran el difícil batallar del día a día, el pueblo se agiganta por otros amaneceres llenos de alegría y esperanza.
El escritor de la localidad Diusmel Machado Estrada dedicó a su “casa grande,” el libro Casa Primera, una crónica lírica del territorio al que Eliseo Diego describió como hermoso y misterioso. En este texto aparece el poema “Guáimaro al centro de todo” donde el autor describe su admiración hacia el pueblo pequeño de cielo grande donde un día abrió los ojos para ver el mundo: Valle alzado a pie de loma,/ accidente del azar,/ sin un costado en el mar/ y sin caminos a Roma,/ Guáimaro crece, se asoma/ con ojos de poesía/ en mis años. Gloria mía,/ traigo su música dentro:/ Guáimaro es la luz, al centro/ de toda mi geografía.
Fuente consultada: Historia de Guáimaro de Desiderio Borroto Fernández y un grupo de historiadores guaimareños.
Se utilizaron frases del artículo “10 de Abril” publicado por José Martí en el periódico Patria en 1892.

