¡Emociones grandes a la plaza!

Era bien temprano. Mostraba una inquietante expectativa. Ya el día anterior sus padres le habían explicado que habría fiesta. Sus ojitos se abrieron aún de madrugada, no quería perderse ni un detalle de lo que acontecería. Era Primero de Mayo en Cuba.

Es una niña la de mi historia, pero puede ser cualquier pequeño o pequeña de esta Isla, de cualquier provincia. Porque el Día Internacional de los Trabajadores, en esta nación caribeña, es eso: ¡una fiesta de familia!

Vio banderas, vio escenarios multicolores, oyó gritos de alegría, conoció de consignas… su corta edad, apenas tres años, no le posibilitarían entender toda la algarabía que le rodeaba. Pero, en verdad, era como le habían anunciado, un festejo de muchos… ¡de muchos!

Su carita miraba asombrada. Eran risas y alegrías por uno y otro lado. Miro la plaza, esa que fechas antes ya los suyos le habían presentado. Todos se saludaban. Lo vio. Los de arriba, con los de abajo; los de abajo con los de arriba. Y el coro cantaba.

Azules, blancas, rojas… banderas desafiantes se alzaban al cielo. Eran los colores de la enseña cubana.

Todavía falta mucho por descubrir, en jornadas como estas, cuando en algunos años, ya no desde el hombro de su padre, si no caminando con amigos de su escuela, o con de su futuro centro laboral luego, pase nuevamente frente a la tribuna.

Hoy ha desfilado. Y supo de alegrías y de celebraciones.

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Natasha Díaz Bardón

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